sábado, 27 de abril de 2013

Con la oración, un suspiro


Marcos 7:34
"Y levantando los ojos al cielo, suspiró profundamente y le dijo: ¡Effatá!, esto es: ¡Ábrete!". 

Nota esa palabra, gimió (suspiró); también significa "estar en estrechez", de alma, por supuesto; "murmullo", "orar" y "suspirar". Ese suspiro profundo ya era una oración. Ella aparece al menos dos veces referida a Jesús, una aquí cuando sanó a este mudo y otra cuando le pidieron alguna señal para creer en él (8:12); la hallamos también referida al Espíritu Santo cuando intercede por  nosotros, con gemidos indecibles (Ro.8:26); que literalmente es "con suspiros profundos". El Espíritu Santo en nuestros suspiros. 

Es una expresión de profunda tristeza y refleja una agonía o lucha espiritual. Es un error suponer que nuestra bendición el Señor la consigue de modo fácil, que sólo basta que mueva un dedo y ya recibimos lo que pedimos, o que pacientemente con una sonrisa en el rostro aguarda a que vayamos a él para en un santiamén hacernos salvos y darnos el gusto. El "justo con dificultad se salva " (1Pe.4:18). 

Tenemos que estar conscientes que nuestra perdición excede los límites de nuestra concepción y posibilidades, que estamos más perdidos de lo que sospechamos. Este es un cuadro de un Salvador luchando en agonía para salvar a un pecador, con oración y suspiros.