miércoles, 10 de abril de 2013

Balaam y su lucha mental


Números 22:12
“Entonces dijo Dios a Balaam: No vayas con ellos, ni maldigas al pueblo, porque bendito es”. 

La voluntad divina estaba clara, no debía ir con ellos. El Señor le dijo: “No vayas”; pero él quería ir, codiciaba el dinero que le habían prometido y no quería dejar escapar esa oportunidad,  pues quizás no la tuviese a su alcance de nuevo o se la ofrecieran a alguien más. Se inició una lucha grande en su interior entre sus deseos y la palabra de Dios, su mente era un hervidero de deseos encontrados, por un lado quería y por el otro no quería, ansiaba, suspiraba, no vivía por su constante inquietud. Quería el dinero, pero tampoco quería violar la palabra divina, tenía temor a las consecuencias de su desobediencia, hubiera deseado tener otro Dios que no fuera Jehová, menos santo, no tan estricto como él, y que pudiera acomodarse el uno al otro, que fuera humano y pecador, comprensible con el mal y tolerante.  Que al menos lo dejara pecar unas cuantas veces para experimentar el placer que le pedía su carne, y luego él se volvería a su lugar y haría su voluntad y no lo haría más. 

Pero sabía que eso era imposible, conocía las leyes de Jehová y él no se prestaría para semejante permisión.  Si lo abandonaba una vez, Jehová lo abandonaría a él.  Entonces comenzó a trabajar para que la voluntad de Dios coincidiera con la suya y que la divina se hiciera humana. Entra en un proceso de voluntad permisiva y nunca llega a maldecir al pueblo pero él se convierte en una maldición para el pueblo de Jehová. Este hombre estaba tan ciego en su pasión que aunque Dios hubiese multiplicado los obstáculos para que no pecara, él los hubiera saltado todos. Estaba tan ciego que la señal del ángel y de la bestia que le habló, no lo hicieron detenerse en su obstinación.