viernes, 19 de abril de 2013

Aprendiendo a volar


Deuteronomio 32:11,12
“Como el águila que excita su nidada, Revolotea sobre sus pollos, Extiende sus alas, los toma, Los lleva sobre sus plumas, Jehová solo le guió”. 

Contiene dos ideas, abrirles los ojos a los polluelos, y despertarlos; las dos son preciosas en pensamientos; cómo actúa Dios para abrirnos los ojos o despertarnos de un infantil sueño, nos echa del nido y perdemos la paz, el confort, nos complica la vida. A los hijos del águila, ella los echa del nido, dejándolos sin protección para que aprendan a volar; así hace Dios cuando quiere enseñarnos que no podemos hacer nada por nosotros mismos sin su efectiva cooperación, y cuando caemos en el espacio y nos sentimos en el vacío, sus ojos están atentos al resultado del ejercicio y presta sus alas para asistirnos si lo necesita la primera o segunda ocasión. Así aprendemos a usar las alas, es decir, la fe que tenemos, lo que hemos aprendido.

No debemos, con el tiempo con el Señor, debiendo ser maduros o maestros, seguir niños indoctos, comiendo y actuando como bebés. Así, sacudiéndonos el nido, nos vamos, y dejamos las niñerías y el calentito sitio de mamá (He.5:12).