viernes, 26 de abril de 2013

Si Adán oraba, Jesús también

Marcos 1:35
“Levantándose muy de mañana, cuando todavía estaba oscuro, salió, y se fue a un lugar solitario, y allí oraba”. 

¿Por qué tiene que levantarse tan temprano para orar? Si era divino y estando en la forma de hombre tenía que orar, ¿cuánto más nosotros que somos pecadores? Su divinidad no interfería en su naturaleza humana, no se mezclaban, había una separación entre ambas. Jesús es único. Aunque su naturaleza humana no era pecaminosa como la nuestra necesitaba de su Creador; la naturaleza divina por estar en él no le suministraba lo que por ejercicios espirituales tenía que sustraer. La deidad en él no lo hacía un superhombre sino un hombre perfecto y a eso contribuía su oración. ¿Es que acaso Adán, antes de lo del fruto nunca oraba?

Y Jesús sabía que tenía un límite de tiempo para hacer lo que tenía que hacer. Los milagros que Jesús hacía no los hacía  sólo porque era divino sino además porque sobre él estaba el Espíritu Santo (Hch.10:38; Jn.1:14. Aunque muchos de ellos dan constancia de su divinidad. No hay más, si no somos perfectos, ni más sublimes que los cielos, ni el Unigénito hijo del Padre, que no siempre tiene en él complacencia, porque hacemos muchas cosas que no le complacen, ¿no nos levantaremos temprano para orar, y podrían con justicia llamarnos como al profeta,  dormilón? (Jon.1:6).