domingo, 31 de marzo de 2013

No es una novela narrada por María Magdalena


Juan 20:1-10
(Mt. 28.1-10; Mr. 16.1-8; Lc. 24.1-12)
“El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro. Entonces corrió, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto. Y salieron Pedro y el otro discípulo, y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí, pero no entró. Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí, y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó. Porque aún no habían entendido la Escritura, que era necesario que él resucitase de los muertos. 10 Y volvieron los discípulos a los suyos”.

Me parece que todo el pasaje está escrito con alegría, específicamente reflejando el gozo que tiene el autor al relatar la historia de los sucesos que vio, porque menciona la carrera entre ambos, y que él le ganó a Pedro (v.4), algo que en comparación parece trivial. La supuesta explicación de la ventaja quizás sea porque es más joven. Si el anuncio del nacimiento de Jesús fue "de gran gozo para todo el pueblo", mayor que esa angelical noticia fue la que oyó María Magdalena, que la tumba estaba vacía, desocupada, que no había nadie en ella, que la roca de la puerta estaba movida, y como no era una erudita en la Escritura, y tampoco se acordaba de los anuncios de Jesús con respecto a su resurrección, pensando deprisa llegó a la conclusión que el cadáver no estaba allí porque se lo habían robado.

Y ¿para qué quiere alguien robarse el cadáver de un crucificado? Y ¿cómo podrán robárselo si está custodiado el sepulcro? Esa teoría enseguida fue desechada. No obstante aunque la explicación no tuviera sentido, el hecho mismo que el sepulcro estaba vacío habría que investigarlo, y eso fue lo que hicieron Pedro y Juan, y ya que éste, quizás también más ligero de peso llegó primero, y es el que cuenta la historia, se detuvo como en el portal y miró hacia adentro del hueco y vio los lienzos puestos allí pero no entró, no por cortesía sino quizás por miedo, como dicen ciertos manuscritos.

El sudario también estaba, y eso indicaba que la teoría del robo quedaba desechada porque nadie desviste un cadáver para llevárselo, ni siquiera para fingir una resurrección, lo que sí es más probable que los detalles concuerdan con alguien que se despierta y se despoja de la ropa, y como meditando mientras camina algunos pasos, decide enrollar el sudario que tenía sobre su cabeza y ponerlo en un lugar aparte (v.7). O sea, Jesús caminó de un lado a otro de la tumba, hasta que salió de ella sin presentarse a los soldados y dejando el recinto vacío para que se acomodaran dentro un par de ángeles, que Juan no menciona, porque no los vio.

Hay muchos detalles variados, no incoherentes, con respecto a la resurrección de Jesús y el abandono del sepulcro, que indican solamente la grandeza del suceso y lo incompleto que somos para poder intelectualmente abarcar en solitario la inmensidad de lo que ocurrió en un pequeño recinto cerrado. Estos detalles precisamente son contados por Juan porque son los que están relacionados con su testimonio y con su fe. Si esto también lo dice para que crean. No recogió aquellas prendas ni se las llevó a casa como reliquias. Todavía no había comenzado la superstición con esas cosas, ni el engañabobos que por pertenecer a algún creyente, ni al propio Jesucristo, esas prendas obren milagros, y mucho menos las que supuestamente pertenecieron a mártires. Por lo visto las dejó allí, y Pedro hizo lo mismo, y nadie las retornó a la familia, a José de Arimatea o alguna de las mujeres.

Lo que se sabe sobre todos los escritos de este suceso es que la resurrección no fue imaginaria, no fue una novela narrada por la escritora María Magdalena, ni soñada por pescadores de Galilea, porque ella como todos los otros aceptaban la sencilla versión que alguien se había llevado el cuerpo, olvidada por completo, y olvidados por completo de lo que Jesús había dicho, en lo que aquí posiblemente se llama la Escritura, o dentro de los libros sagrados judíos. Y teniendo en cuenta la multitud de gente que niega la resurrección, él afirma "lo creo porque lo vi" (v. 8).