domingo, 3 de marzo de 2013

Cazadores de leviatanes



Job 41:13

"¿Quién descubrirá la delantera de su vestidura? ¿Quién se acercará a él con su freno doble?".

Como el pellejo del leviatán está cerrado, el corazón del incrédulo para la palabra de Dios; sólo Dios puede penetrar con su espada un alma de piedra (v.16). Ni las partes más flojas de la carne del incrédulo alientan alguna victoria espiritual (v.23). La teología arminiana que habla de la bondad humana, de un residuo de nobleza de la imagen de Dios en el hombre caído, es un engaño, porque ninguna parte interior del corazón humano es blanda para la palabra de Dios. El hombre está endurecido de pies a cabeza, o bien es una momia muerta, un cadáver de milenios, o una estatua de piedra.

Pero no es invencible; su Palabra divina es como martillo que quebranta las piedras (Jer.23:29); cambiando la figura, el Señor hallará una hendija por donde penetre la flecha de su verdad (1Re.22:34). Con esa seguridad y esperanza continuamos en nuestro deber aunque nuestros ojos busquen resultados, en vano. Nos queda la resignada satisfacción y la gloria de nuestra vocación, que somos cazadores de leviatanes, quiero decir, de engreídos e invencibles pecadores.