miércoles, 6 de marzo de 2013

Verás mi corazón en la doctrina de la soberana elección


Éxodo 33:18-23

“Y El respondió: Yo haré pasar toda mi bondad delante de ti, y proclamaré el nombre del Señor delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y tendré compasión de quien tendré compasión”.

Es una época de crisis tanto para el pueblo como para el liderazgo de Moisés; impresionado por la mortandad que Dios hizo (32:28), teme que Dios haya cambiado, que ya Israel no fuera su pueblo (vv.14-16). Íntimamente se siente inseguro. Dios le ratifica su elección pero Moisés anhela algo más, ver la gloria del Señor. Conocerlo más para tener más gracia (v.13). Pero Dios sabe lo que él necesita aunque su hijo no lo comprenda y le garantiza que debe esperar en su trato sólo bien (v.19); y para que se le quite su pesar por las recientes muertes y las bajas de su pueblo le propone una gran doctrina: la soberana misericordia de Dios (v.19); así de ese modo Moisés quedaría conforme y aceptaría como justo el trato que Dios a cada uno quisiera dar, sin enfadarse, sin molestarse, sin quedarse inconforme.

Una vez que lo ha convencido con argumentos, Dios no le concede lo que le pidió, sino un poco menos porque estando en la carne no estaba naturalmente capacitado para ver a Dios. No llegaría hasta donde espiritualmente quería, y sabría que su entendimiento de la Deidad tenía un límite que no era posible traspasar y debía dejar para el cielo una revelación plena. Dijo: “muéstrame tu gloria”, quiso decir, “muéstrame todo lo que tú eres, todo lo que tienes, quiero entenderte y conocerte hasta lo profundo” (1Co.2:10). El Señor le respondió: “No podrás entenderme completamente ni ver toda mi gloria, pero si lo que tú quieres es ver donde resplandece más mi gloria, si quieres llegar a la esencia de mi naturaleza, oirás que soy misericordioso, verás mi corazón, mi clemencia en la doctrina de la soberana elección (Ro.9:14-16), la soberanía de mi misericordia”. Y quedó en lo mismo, que no se preocupara por las pérdidas.  Oh Dios muéstrame tu gloria perdonando.

La gloria de Dios que Moisés ansiaba ver nosotros la vemos en el conocimiento de Dios en la faz de Jesucristo y nos percatamos de la soberanía de su gracia cuando de su propia voluntad tiene misericordia de quien quiere y a quien quiere endurecer lo endurece. Y se nos prohíbe la imprudencia de preguntar más y la soberbia de no estar de acuerdo. Es que esto  es revelación, doctores de la ley de Jehová, y no filosofía del areópago. Discute tú con Dios si con desprecio a eso llamas calvinismo, que para nosotros esas soberanas doctrinas de la gracia son asiento de regocijo y fe.