domingo, 10 de marzo de 2013

La asombrosa perseverancia de los santos


Éxodo 13:17,18
“Y sucedió que cuando Faraón dejó ir al pueblo, Dios no los guió por el camino de la tierra de los filisteos, aunque estaba cerca, porque dijo Dios: No sea que el pueblo se arrepienta cuando vea guerra y se vuelva a Egipto”.

El Señor previó y evitó la apostasía; y como el pueblo siempre estuvo susceptible a ella lo hizo transitar por donde le fuera imposible volver (Num.11:5), o sea, atravesando el Mar Rojo. Si no fuera por las barreras y limitaciones que el Señor pone, nos volveríamos, y con su sabiduría y amor no nos mete en un conflicto donde la fe se quebrante completamente sin posibilidad de restauración (1Co.10:13).


Midiendo el poco coraje que este pueblo no adiestrado para la guerra tendría, el Señor prefiere que se aleje de cualquier conflicto aunque tenga que dar un extenso rodeo para proseguir en obediencia a su palabra, pero así es mejor, aunque se haga el camino más largo si es más seguro. No estaban preparados para esos conflictos prematuros iniciales. Una versión traduce armados, sin embargo no habían recurrido a las armas. La palabra significa ceñidos y firmes.

Cabe mejor pensar en la organización y arreglo del pueblo, quizás en grupos de cinco, cosa que mediante un equipo con esa cantidad, pudieran defenderse, pero no hay constancia que poseyeran armamentos, y con un equipo bélico hacer frente a cualquier enemigo. Si había armas eran pocas, y si luego más tuvieron, sería porque las fabricaron o las obtuvieron de los vecinos que a su paso iban derrotando.

Hay otra historia sobre esto donde el pueblo no llega inmediatamente por incredulidad de todos, excepto Josué y Caleb. Las dos historias son ciertas y son dos partes de una verdadera. Se pueden dar varias soluciones o interpretaciones a un suceso, de acuerdo a donde uno lo lea, y pueden ser ciertas y complementarias, recogidas por narraciones parciales de aquí y de allá y que no necesariamente se contradicen sino que aparecen como se recuerdan. Pero volviendo al inicio, Dios siempre tiene en su mente nuestros flancos débiles y evita que los expongamos a una situación donde corran peligro los dones de la salvación. Con todo, la perseverancia nuestra en doctrinas y fe, dado nuestros muchos flancos débiles, es una asombrosa maravilla que agradecemos a Dios que cuida todo eso.