domingo, 3 de marzo de 2013

No termines aborreciéndote


Job 42:3
“¿Quién es el que oscurece el consejo sin entendimiento?”.

La respuesta según él, de Job es "yo", y me parece que lo que dice de sí mismo es injusto; entiendo que fue franco con Dios y el único del grupo que oraba.  Ninguno de los otros, Sofar, Bildad, Elifaz y Eliú elevó una sola oración. Dios no le encontró defecto a sus discursos y oraciones, en cambio él sí (42:7). A veces pensamos injustamente de nosotros mismos y nos subvaloramos, sospechamos que estuvimos equivocados cuando obramos con acierto, nos arrepentimos de pecados inexistentes o de faltas que tienen justificación, porque no miramos sus atenuantes y hasta terminamos aborreciéndonos (v. 6) y se nos borra la línea divisoria entre lo justo e injusto en nuestra vida; nos sentamos solos en la silla de los acusados con Dios como juez ausente y un jurado vacío.

Pensamos de nosotros peor de lo que Dios piensa (42:7; 1:8), nos destruimos la autoestima y la visión que tuvimos de Dios no nos exalta, nos deprime. Los discursos de un desesperado (6:26) no son para Dios pecado. Dios no le hizo caso a sus palabras; y el único mal de todo lo que hemos dicho y hecho es el que nos causa el juicio que nos hacemos de nosotros mismos y el resultado es que perdemos el gozo de la salvación. Somos justificados por la fe, absueltos pero tristes. Bendito seas compresivo Dios.