viernes, 1 de marzo de 2013

Su ojo por el nuestro, su diente por el nuestro

Éxodo 21:22-25
22 Si algunos riñeren, e hirieren a mujer embarazada, y ésta abortare, pero sin haber muerte, serán penados conforme a lo que les impusiere el marido de la mujer y juzgaren los jueces. 23 Mas si hubiere muerte, entonces pagarás vida por vida, 24 ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, 25 quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe”.  

Estas son leyes judiciales para manejar la vida civil, y usadas como sentencias por los jueces; me parece que no es una guía para la acción personal ni tampoco el espíritu de la vida diaria. El evangelio no contiene esas cosas porque su fin no es el mismo (Mt.5:21-43). Está bien que el esposo de ella le haga una demanda judicial y sea bien recompensado. Que le pague el hijo perdido y el daño sicológico causado a los padres, en especial a la mujer. Todas estas leyes se aplican con restitución o pena capital, no hay cárcel, que sería como una forma moderna intermedia de castigo (Lev.24:12; Num.15:34).

Jesús sufrió cárcel, juicio, para darnos restitución, su ojo por el nuestro, su diente por el nuestro, su quemadura por la nuestra, su vida por la nuestra. Y cárcel para darnos libertad, y la peor privación fue el despojamiento de su gloria (Flp.2) para encerrarse dentro de un cuerpo “en semejanza de carne de pecado” con el propósito de condenar el pecado de nuestra carne en la suya, y así, muriendo en él la ley queda satisfecha y obtenemos perdón y libertad. A su nombre gloria.