viernes, 8 de marzo de 2013

El Nuevo Testamento en ciernes


Éxodo 25:17-22
“17 Y harás un propiciatorio de oro fino, cuya longitud será de dos codos y medio, y su anchura de codo y medio. 18 Harás también dos querubines de oro; labrados a martillo los harás en los dos extremos del propiciatorio. 19 Harás, pues, un querubín en un extremo, y un querubín en el otro extremo; de una pieza con el propiciatorio harás los querubines en sus dos extremos. 20 Y los querubines extenderán por encima las alas, cubriendo con sus alas el propiciatorio; sus rostros el uno enfrente del otro, mirando al propiciatorio los rostros de los querubines. 21 Y pondrás el propiciatorio encima del arca, y en el arca pondrás el testimonio que yo te daré. 22 Y de allí me declararé a ti, y hablaré contigo de sobre el propiciatorio, de entre los dos querubines que están sobre el arca del testimonio, todo lo que yo te mandare para los hijos de Israel”.

El propósito de que los querubines fueran hechos, como dice nuestra versión, de una sola pieza, es para indicar que estaban fundidos juntamente y es con el propiciatorio y así evitar que al transportar el arca o con cualquiera otro movimiento pudieran caerse. De todos modos si se le busca un significado simbólico pudiera ser que estos seres espirituales, como todos los ángeles, tienen una estrecha relación con la obra de Jesucristo, y sus pies se encuentran precisamente fundidos dentro de la sangre que se desparrama. Y, no ellos sino Dios, haría escuchar su voz dentro de ese conjunto.

El propiciatorio era la parte más importante del arca del pacto y de todo el tabernáculo, porque sobre él se vertía la sangre de la reconciliación. Tres cosas importantes, (1) la propiciación por nuestros pecados (2) desde allí se oía la voz de la misericordia y la salvación (Num.7:89) (3) esto es lo que anhelan mirar los ángeles (1Pe.1:12). Uno piensa que esto estaba ocurriendo dentro de la historia de Israel, y era la historia de la revelación, entretanto en el resto del mundo no había palabra de Dios. Tendría todo que hacerse exactamente como el Señor lo estaba indicando porque era un lenguaje materializado, fundido en bronce, cobre, y expresado en términos de joyas y de piedras preciosas. Era algo así como el Nuevo Testamento en ciernes.