jueves, 28 de marzo de 2013

Cargando tablas, estacas y cuerdas para Dios


Números 4:29-33
“Este será el deber de su cargo para todo su servicio en el tabernáculo de reunión: las tablas del tabernáculo, sus barras, sus columnas y sus basas, las columnas del atrio alrededor y sus basas, sus estacas y sus cuerdas, con todos sus instrumentos y todo su servicio; y consignarás por sus nombres todos los utensilios que ellos tienen que transportar”.

Este fue el trabajo de los hijos de Merari, ¡desde los treinta años de edad hasta los cincuenta! Es decir, lo mejor de sus vidas dedicados a armar y desarmar el tabernáculo. Ensambladores. Fijar y remover columnas y estacas, Señor ¿toda la vida para hacer eso? ¿Pudo ese oficio darles "significado a la vida de ellos"? ¿No hubo ninguno de ellos que protestara contra tu propósito y quisiera hacer de su vida algo más "productivo", más "trascendente"?

Esa fue la meta que Dios les impuso. Subrayo impuso. No parece que a ninguno de ellos se le metiera esa idea moderna de “sentirse realizado”. ¿Somos cristianos, o qué? ¿No le llamamos a Jesucristo Señor? ¿No practicaremos la soberanía de Dios? ¿O nuestra fe es un convenio con Dios para que nos deje hacer nuestros gustos?

El trabajo era poquísimo porque eran muchos. El resto del tiempo podrían usarlo en meditar en la ley, superarse, orar. Pienso que tenemos una especie de psicosis con el tiempo; todo lo pensamos en relación con el aprovechamiento del tiempo, antes que la vida se nos vaya; queremos emplearla bien y el pragmatismo de su utilización consume nuestras 24 horas diarias como si fuese el sebo de una vela que se gasta. Pasar un par de años preso, o  muchos más, como el apóstol Pablo, no es algo que consideramos conveniente para el desarrollo de nuestra vocación y el empleo de nuestros días (Hch.28:30,31). Y ese fue el divino plan para él.

Tener que sufrir una enfermedad y separarse de la iglesia más de la mitad del tiempo quizás sea algo que no consideremos apropiado en el ministerio del señor Spurgeon, o la pobre calidad de vida por su salud del ministro Calvino. Dios puede llamarnos a no hacer muchas cosas sino pocas, pero bien hechas, "fiel en lo poco". Subrayo esta palabra poco (Mateo 25:21); y no es porque las consideremos pocas sino porque en realidad lo son.

Hay unas ansias de ser alguien en la vida, en nuestra personalidad que encuentra su fuerza en el lustre de nuestro nombre y no en la gloria de Dios; queremos andar en “cosas demasiado gloriosas, sublimes, maravillosas y exaltadas” para nosotros (Sal.131:1); subir a una altura que nuestras cabezas no soportarían; y  por eso no nos es dado "llevar muchos frutos" porque lo que buscamos es que nuestra vida signifique algo y no que honre a Dios de cualquier manera, tal vez como estos numerados, cargando  tablas, estacas y cuerdas para Dios.