sábado, 2 de marzo de 2013

Matando el calvinismo


Esto es una impresión sobre el libro Killing the Calvinism, escrito por Greg Dutcher. El título me resultó atractivo por el hecho que es escrito por un calvinista, que en casi todas sus páginas afirma que cree en los cinco puntos teológicos del calvinismo (TULIP). Por eso lo compré y con no mucha satisfacción lo terminé. El tema central parece ser la crítica a la actitud arrogante, y a veces se incluye, de ciertos calvinistas a quienes el calvinismo en vez de hacerlos humildes los ha inflado y vueltos arrogantes, al confesar esas preciosas doctrinas, que según dice "no se debe predicar el calvinismo por el calvinismo mismo" (pag.19). Dando a entender algo así como que se puede hablar de las doctrinas calvinistas sin mencionar a Calvino, o que se vuelvan el fin.

El autor parece incómodo con tales hermanos al punto de crear un libro para denunciarlos, y llamarlos a cambiar de forma de ser. Al perseguir ese objetivo, supongo que tiene en su mente un gran sector del protestantismo norteamericano. No sé si específicamente en su denominación en Maryland. Sin embargo es sobresaliente su cristiana honestidad en las oraciones que escribe al final de cada capítulo. Son hermosas. También las citas que hace sobre Whitefield, Wesley y Spurgeon.

Dice:
"Voy a terminar este capítulo con un calvinista estimando a otro calvinista, no exactamente por su pulida teología, sino por el amor que siente por la Palabra de Dios. Aprendamos de Spurgeon como apreciaba la completa inmersión de Juan Bunyan en la Escritura, ’lee cualquier cosa que haya escrito su mano y verás que es como leer la Biblia misma. Él ha estudiado nuestra Versión Autorizada, la cual no puede ser sobrepasada, como yo la juzgo, hasta que Cristo venga. La ha leído hasta el punto que su alma está saturada con la Escritura y sus pensamientos y sus escritos, llenos completamente de esa encantadora poesía. Sin embargo no nos pudiera haber dado el Progreso del Peregrino, el más dulce de todos sus poemas, sin continuamente hacernos sentir y  pensar que este hombre es como una Biblia viviente. Y en realidad lo era porque por dondequiera que cortaras su cuerpo lo que saldría con su sangre es biblina. La misma esencia de la Biblia fluyendo a través de sus venas. No podía decir una palabra sin citar algún texto bíblico porque hasta su misma alma estaba lleno de la Palabra de Dios" (pag.76,77).

Contra ese espíritu de amor por hermanos con otra teología menciona lo que llama ‘el curioso caso de C. S. Lewis’, que citando a J. I. Packer, y que también se incluye, dice que ‘no asistía a ningún lugar de adoración ni fraternizaba con ninguna organización evangélica... y según el estándar evangélico su idea acerca del sacrificio de Cristo era  un arquetipo de la penitencia, más bien que una sustitución penal. Además su fallo en mencionar la justificación por la fe cuando habla del perdón de los pecados, su simpatía hacia la regeneración bautismal, y su punto de vista de que la Biblia no es inerrante, además su tranquila afirmación del purgatorio y la posible salvación de algunos que han dejado este mundo como no creyentes, fueron debilidades que condujeron al gran Martyn Lloyd -Jones, cuya ortodoxia evangélica está establecida, repito, lo condujeron a la duda si Lewis era verdaderamente cristiano’ (pag.63,64).

No parece compartir ese sentimiento porque procede a declarar que tiene un amplio espíritu  en relación con la adoración. Afirma que bien podría adorar con un arminiano o en una iglesia arminiana.

‘Estoy agradecido por Dave Shive, el más fino pastor que he conocido. Ha sido mi mentor en algunas de las horas más oscuras de mi vida. Mi esposa, Lisa, lo quiere mucho y a menudo me pregunta "¿que tú piensas que Dave haría en esta situación?. Es un doctor en los asuntos del Antiguo Testamento, y siempre le he estado pidiendo que escriba un libro sobre la vida de David, porque en ningún otro he escuchado estudios tan buenos como los suyos. Hemos dedicado juntos sin problemas, mientras desayunamos, tiempo para hablar sobre los cinco puntos del calvinismo, y me ha dicho, y se lo diría a cualquiera,  que rechaza la teología reformada. Por supuesto que cualquiera de nosotros afirmaría que está completamente equivocado, pero decir que no he aprendido nada de Dave sería negar la dulce providencia de Dios en mi vida. Pudiera emplear tiempo nombrando a otros similares a él. ¿Has tenido comunión y compañerismo con algunos que no tienen teología reformada? ¿Acaso has negado la posibilidad de que Dios puede enseñarte algo precioso a través de algún hermano arminiano?’ (pag, 67).

En cuanto a la predestinación y los perdidos dice con razón:

"El apóstol Pablo sabía que había pecadores elegidos por Dios esperando para ser convertidos a Cristo. Conocía que la soberanía de Dios tenía un gran número de personas elegidas antes de todos los tiempos para ser adoptadas dentro de la familia de los redimidos. El apóstol quería que eso ocurriera. Este ‘calvinismo’ motivaba al apóstol aún más, para compartir el evangelio y para soportar las inmensas pruebas que sufría. No ha habido otro como él dentro del Nuevo Testamento y sin embargo creía 100% en la predestinación y 100% en evangelismo, por lo cual escribió todo lo soporto por amor de los escogidos para que también ellos obtenga la salvación que es en Cristo Jesús con gloria eterna (2Ti.2:10). Cualquier tentación que nos exima de esa responsabilidad, afirmando que son elegidos, es completamente una idea falsa acerca del calvinismo” (pag.54,55).

Así pues, noté que sin quererlo, de su inconformidad con las ínfulas calvinistas de algunos, destilaba cierto rictus de amargura, sin embargo su pluma se fue endulzando, para lo cual supongo, sus oraciones contribuyeron. Si alguien puede pasar por alto el poco mérito, y el derroche de fuerzas intelectuales y espirituales, que no merece este esfuerzo, aunque con buena intención para condenar la arrogancia calvinista de teólogos hermanos, hallará en sus páginas trozos del alma de ese autor que ameritan leer su trabajo. Para él, el asunto es trascendental y esa pedantería con lo doctrinal, lejos de darle vida al calvinismo contribuye a matarlo, y es por eso que así titula su libro, matando el calvinismo.
Tim Challies, parte de la publicadora de este libro, hace una reseña de él

Killing Calvinism