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viernes, 29 de diciembre de 2017

Predicando con la vida un evangelio social superior


(Segunda Parte)

MATEO 5:8-12 
 “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros”.

Continúa nuestro amado Señor instruyendo a sus discípulos en los reglamentos morales de su reino con un evangelio social distinto, con escatología, con recompensas futuras, es decir no amputado de una teología de salvación, sino para que la iglesia sobreviva y dé su testimonio histórico. No es simplemente filantropía sino esperanza y ánimo. Comienza por la felicidad que disfrutarán los que tienen sus corazones limpios, no sucios. Al mundo no le importa embarrarse la conciencia con tal de obtener lo que quiere y disfrutarlo y por eso se hunde en la desesperación. Para nuestro Señor, felices eran los de limpio corazón, los bienaventurados.  ¿Piensa usted que puede ser feliz o bienaventurado con una vida llena de puntos negros, conocidos por los demás o por Dios solamente? Pero Jesús no dijo eso para que supiéramos cómo hallar la felicidad sino para que supiéramos el premio que tendrán los que tienen el corazón limpio, ver a Dios, encontrarse con él. Bienaventurado para él es uno que es salvado.

Son afortunados y dichosos los que tienen limpio el corazón. Y ¿por qué lo tienen limpio? Porque él se los ha limpiado con su sangre, porque han sido lavados y santificados por el Espíritu de Dios (1Co.6:11; Apc.7:14); pueden saltar alegres que de la mancha del pecado han sido lavados y no queda ninguno que no haya podido ser borrado y “ninguna acusación hay” para los que están en Cristo. Y por esa sola razón, ser llamado “santo y fiel” en Cristo es suficiente para sentirse único, feliz y afortunado.
Son afortunados también los pacificadores.  Que de ningún modo usen la espada, ni se llenen de odios. Aun siendo el blanco de las intrigas, difamaciones y hostilidades, debían promover la paz, no sólo con conductas pacíficas sino con gestiones de paz, con embajadas de paz. Si ves a alguien que promueve la inconformidad entre hermanos y el pleito, y distancia espiritualmente a los que podían haber caminado unidos, ese no es hijo de Dios. Los hijos del reino no procuran sacar ventajas de los conflictos entre hermanos. Un hijo de Dios procura amistar y aliviar tensiones, pacifica, disminuye las distancias humanas, resta importancia a las ofensas para que sean pasadas por alto y anima para que sean perdonadas, no acentúa el ultraje ni ensancha las heridas. Promueve el encuentro y la unión.
Tienen buena suerte y motivo para sentirse felices los que padecen persecución (v.10). El Señor se propone terminar las bienaventuranzas en la forma en que las empezó, hablándoles a los que vivirían los días obscuros que se avecinaban sobre su naciente reino de los cielos, cuyas nubes ya él veía acercarse. Es una palabra de ánimo para ellos, para que no tomen las calamidades como desgracias sin sentido. Padecer por causa de la justicia equivale a padecer por su vida cristiana. Pablo dijo “todo aquel que quiera vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerá persecución” (2Ti.3:12). La única manera que hay para evitar la persecución es agradando a los perseguidores (Ga.6:12) o siendo como ellos, contemporizando con el mundo, siendo sus cómplices, corriendo en su mismo desenfreno; si es lo contrario os ultrajan y les parece cosa rara que no corráis con ellos en el mismo camino de desenfreno.

Y por último, son afortunados y pueden sentirse dichosos aquellos a quienes persiguen por su nombre y les destrozan el testimonio mintiendo. Los condenan por el único delito de amar a Dios y a su Hijo Jesucristo (vv.11,12). Andarían detrás de ellos para darles muerte y serían objeto de una gigantesca campaña de vituperios e insultos rebajándoles la estima de sus testimonios ante el público en general. Después de condenados continuarían siendo difamados.
Aquella propaganda de calumnias, mentiras y tergiversaciones de que serían objeto les mordería sus propias carnes, aún la del corazón, con más fuerza que si los devoraran leones hambrientos, porque humilla y espanta más a un santo que le vituperen su vida piadosa que a la misma muerte, le tortura más oír que es acusado de alguna inmoralidad que no ha cometido que lo arrojen a la arena del circo, y que lo denigren con pecados no cometidos o le acusen de faltas de las cuales no se siente responsable. Aquellos hermanos temían menos a la muerte que a que opacaran la gloria de Dios en sus vidas. No podían aquellos apóstoles esperar del mismo mundo un tratamiento más benigno que sus colegas profetas que les habían precedido.

Lo que el Señor les pide, que cuando oyeran sus nombres manchados y aborrecidos injustamente, debían alegrarse y cantar victoria diciendo ¡bendito sea el Señor porque oigo que me han calumniado así y así! ¡Esta noche iré a la cama alegre sabiendo que el libro de mentiras contra mí se va volviendo más grande! ¡Gracias Señor por esas lenguas viperinas y por esas bocas de serpientes! Para poder sentir eso debían morir completamente al mundo y amar con todas sus fuerzas más la gloria de Dios que la de los hombres (Jn.12:43). ¿Podemos así hermanos, gozarnos, con esa persecución?  ¿Tanto amaremos la bienaventuranza celestial que todo eso no nos importe? ¿Podremos tener la fe de Moisés que le hizo poner sus ojos fijos más allá de Egipto donde miraba el galardón de Dios? (He.11:26). Afortunados seremos si somos capaces no sólo de perder tanto sino todo por quien nos creó y nos salvó. Esto es predicar un evangelio social superior.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Satanás aborrece que actuemos con sentido común


ROMANOS 12:1        
"...Dios, que es vuestro culto racional".  

 O, también traducido, “vuestra adoración lógica”. Si nuestra razón estuviera libre de pecados, por ella hallaríamos a Dios. En tiempo del apóstol Pablo generalmente se aceptaba la filosofía que el pecado era solamente contra el cuerpo, que no tocaba para nada el espíritu. No creían en la resurrección. Pablo en cambio enfatiza la santidad corporal (1Co.6:18-20). Y satanás aborrece que actuemos de forma racional, con sentido común, orientados por la Palabra de Dios y “aprobando lo mejor” (Flp.1:9,10). Ese ángel caído quiere que actuemos más por instintos y obsesiones mentales, y nos comportemos como animales irracionales (Jud.1:10), como “malas bestias” (Tit.1:12). 

Es lógico creer en Dios. El método de Dios primero es poner la verdad en la mente y después en las emociones del corazón, pues dice, “por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel, después de aquellos días, dice el Señor: pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré; y seré a ellos por Dios, y ellos me serán a mí por pueblo” (He.8:10). Apelar a las emociones de un auditorio sin haberle puesto conocimientos en la mente, es manipulación y lo que se obtiene es el fanatismo y discípulos sin raíces, cristianos temporales.

martes, 19 de diciembre de 2017

No pienses en las caras que tienes que volver a mirar



 ROMANOS 11:23
"Y también ellos, si no permanecen en su incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para injertarlos de nuevo".  

 Si eres un apóstata y andas en busca de una genuina esperanza que te ayude en tu recuperación, aquí la tienes. No midas la longitud del regreso que tienes que hacer, no cuentes los pasos que tienes que dar para atrás, ni pienses en las caras que tienes que volver a mirar, ni las preguntas que responder, ni el asombro que notar, ni las confesiones que hacer, mide solamente la expansión del amor divino en estas palabras, y cómo con energía espiritual el apóstol establece que habrá un retorno para los que han rechazado al Señor, para los que han perdido los privilegios que tenían, como Israel, y anuncia para que nadie lo dude que ese injerto se producirá por el poder de Dios.

No pienses que tu re-injerto sea difícil, en la vergüenza y tu humillación, en tu culpa, sino que todas esas cosas las manejará con su poder, Dios. Lo tuyo es dejar la incredulidad, creer lo que rechazaste, recoger lo que dejaste, aceptar de nuevo a Cristo y que Dios, por medio de algún bondadoso siervo, vuelva a “formar a Cristo en ti” (Ga.4:19).¿Te has cansado de tu incredulidad? Pues entonces estás bien cansado, por la gracia estás cansado, te has defraudado de tu incredulidad y tus amigos incrédulos, como te has acercado a la vida de ellos te has dado cuenta que tampoco ellos están conformes con ser incrédulos pero que no tienen como tú la opción de la gracia de Dios y continuarán desdichadamente encerrados dentro de las rejas del escepticismo. Aprovecha las cercana ocasión que ahora tienes para tu re-injerto. Piensa más bien en las sonrisas y abrazos que te van a dar, ninguno te hará alguna mueca, porque te recibirán como a un Lázaro en su casa, resucitado.

lunes, 18 de diciembre de 2017

La incógnita de por qué nadie busca a Dios

ROMANOS 9:14-18
"Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y tendré compasión del que yo tenga 
compasión". 

En este momento vamos a entrar poco en controversia, más bien si creemos que la Escritura es inspirada por Dios, nos fijaremos en dos cosas esenciales. Primero, la salvación de una persona es imposible para ella misma ejecutarla porque dice que "no depende del que quiere..." (v.16). Supongamos que alguien diga: "Yo buscaré a Dios". ¿Qué diremos de esa decisión? Que esa persona no existe (Ro.3:10,11). No sale nunca de ningún pecador el deseo de buscar a Dios. Lo que puede ocurrir es que busque su interés en las cosas de Dios, o que busque lo que pertenece a Dios.  Segundo, si es enteramente por misericordia no podemos esperar que de cualquier pecador salgan de él mismo los deseos y la decisión para buscarla. Si no es por la misericordia de Dios permaneceríamos endurecidos y desinteresados. Aunque hagamos todo lo posible por atraer un pecador a Cristo, no esperemos que por sí mismo disponga su corazón para buscar su bien eterno.  Como podemos apreciar en nuestra experiencia, la misericordia de Dios no es una cosa común que él use con todo el mundo. Como está escrito, "de los más no se agradó Dios" (1Co.10:5); son muchos los que se pierden aunque traten de entrar por la puerta estrecha (Mt.7:13,14), a la mayoría parece que Dios los ha dejado a una mente reprobada para hacer cosas que no convienen, equivocadas (Ro.1:28). La incógnita de por qué no se halla a alguien  que busque a Dios es porque ese alguien no existe

  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...