Páginas

lunes, 5 de marzo de 2018

NADA ESPERAR SINO MAL DE LA SERPIENTE ANTIGUA


¿Qué se puede esperar de los diablos?
JOSUE 10:6  
“Entonces los moradores de Gabaón enviaron a decir a Josué al campamento en Gilgal: No niegues ayuda a tus siervos; sube prontamente a nosotros para defendernos y ayudarnos; porque todos los reyes de los amorreos que habitan en las montañas se han unido contra nosotros”.
Los gabaonitas eran valientes (v.2). Todo el infierno se les echó encima y todos los demonios les cayeron atrás porque se habían salvado, porque habían luchado por sus vidas y las habían obtenido. Pero, como los gabaonitas, ya al minuto de habernos convertido a Dios tenemos muchos amigos a los cuales podemos enviar mensaje para que nos defiendan de los adversarios, porque nuestros amigos tienen la bendición de Dios. Nuestro principal amigo, es "el amigo de los pecadores" (Mt.11:19;He.1:14). ¿Qué puede uno esperar del mundo, de la naturaleza carnal y de los diablos cuando ha dado un paso importante? ¿Que vengan y nos saluden con un beso en cada mejilla? ¿O que nos traigan regalos y festejen nuestra conversión? No, tenemos que esperar una operación cerrada contra nuestra salvación, una confederación combinada por distintas fuerzas, malas, para destruirnos, que nuestros adversarios, los diablos se pongan de mal humor. Los ángeles festejan en el cielo y los diablos ardan con fuego de enojo en el infierno.
ORANDO SIN CESAR CON FE QUE  PURIFICA ACTOS  INCORRECTOS


JOSUE 9:22,25,27
“Ahora, pues, henos aquí en tu mano; lo que te pareciere bueno y recto hacer de nosotros, hazlo”; nuestra vida es tuya, dispón de ella. Mátanos si quieres. Estos hombres, astutos, engañaron, fingieron y se robaron una inmunidad que no les correspondía, lo hicieron por fe (por lo menos alguna ¿no? Tal vez otros le llamarían astucia); cuando oyeron reportes de las promesas hechas a Israel las creyeron (cualquiera impureza que tuviera) y trataron de unirse a este pueblo bendito para no ser destruidos. ¿No se parecen un poco a Jacob disfrazado para hurtar su bendición? Y fueron a dar directamente al servicio de Dios. Si no se hubieran convertido desde sus dioses no los hubieran consagrado a ese servicio. Llegaron para salvar sus vidas y terminaron como ministros del Señor. ¿Qué es el pecado? Es no creer en Dios, no temer a Dios, no obedecerle. La fe en Dios purifica todo, aún un acto éticamente incorrecto.

jueves, 1 de marzo de 2018

Lecciones sobre los sitios sagrados

           MATEO 17:5-8  

“Mientras estaba aún hablando, he aquí, una nube luminosa los cubrió; y una voz salió de la nube, diciendo: Este es mi Hijo amado en quien me he complacido; a El oíd. [6] Cuando los discípulos oyeron esto, cayeron sobre sus rostros y tuvieron gran temor. [7] Entonces se les acercó Jesús, y tocándolos, dijo: Levantaos y no temáis. [8] Y cuando alzaron sus ojos no vieron a nadie, sino a Jesús solo”.
Aquí hay lecciones sobre los sitios sagrados. Después que los apóstoles proponen al Señor hacer las tres tiendas, alguien pensaría que tendrían una respuesta. No la hubo. No hace falta. Los dos visitantes habían regresado a la eternidad. Es asombroso que se les ocurriera aquella quimera. ¿Qué harían los tres encerrados en aquel monte? ¿Comprarían el terreno? ¿Organizarían peregrinaciones hasta allí? ¿Reducirían un reino con destino mundial a unos metros de tierra? ¿Cautivarían al Señor?
¿No son más o menos lo mismo las ideas locas de construir ermitas, santuarios, mezquitas sagradas en los mismos lugares donde nacieron o murieron, o estuvieron los profetas y Jesús? Estas cosas posteriores son más descabelladas que las que soñó Pedro; para él los tabernáculos erigidos se hallarían habitados mientras que esos llamados lugares sagrados, visitados por millones de creyentes, están siempre vacíos. Moisés y Elías no retornaron más y nuestro Señor se fue viniendo luego pero en su Espíritu, no a una cabaña, sino a cualquier  parte donde se le invoque. Lo principal de ese movimiento espiritual que empieza no es construir edificios para enseñar las doctrinas, sino predicar las doctrinas primero, salvar, llenar el mundo de conocimiento. Dime, desconocido amigo, ¿hay algún punto de contacto entre el deseo de los apóstoles por construir primero que predicar y los que se esmeran más en construir casas de oración que agrupar gente dentro para hacerlo? ¿Qué hubiera sido de la gran comisión si ellos empiezan por estos bellos sueños arquitectónicos, gastando dinero y energías en ello? ¿Cómo costearían el alcance mundial del reino fabricando catedrales?
La respuesta divina a la petición de Pedro la dio Dios que la había escuchado. “Mientras él aún hablaba...” v.5. Es equivalente a un no. No habría cabañas, ni ermitas para peregrinaciones santas. El no del cielo no es tanto para bloquearles la intención sino para que supieran que es innecesaria. ¿Por qué desean retener a Elías y a Moisés? - Para que les instruyan como maestros-. El Padre dice que no, teniendo a Jesús no les hace falta más revelación, ni instrucción ni otros maestros, aun bajados del cielo. Ni aunque fuera el mismo autor de algún libro de la Escritura. No era necesario ni hace falta la ayuda de los mismos autores o protagonistas de episodios canónicos. Con ello el Padre negaba otra revelación fuera de Cristo. “A él oíd”. Ni de ángel, ni de espíritu.

También dijo no a la idea de igualar a Moisés y a Elías con Jesús. Igualar al Señor con los dos profetas, lo rebaja, es como estimar que le hace falta un complemento, una ayuda en la revelación. La llave para interpretar la ley, Moisés, y los profetas, Elías, no era ellos mismos sino Jesús. No había duda, para eso le visitaban en la tierra.
¿No cometen tremendo desvarío los que se sienten insatisfechos con lo que Jesús enseñó y buscan incluso, fuera de la Escritura, nuevas fuentes de información? ¿No hacen competir a esos profetas (o “profetas y profetisas”) con el Señor? (Ver Mt. 23:7-8). Aún los ángeles son enviados para socorro de los herederos de la salvación. Yo sé que los ángeles existen no porque me hayan ayudado fortaleciéndome en el púlpito, sobre el monte o en el Mar de Galilea sino en mi huerto, cuando sudé sangre. La inspiración de mis palabras me las da el Espíritu y ellos escuchan o “anhelan mirar” lo que digo. La revelación última es por el Hijo. Conozco a los ángeles, y bendigo a Dios por el ministerio encargado a ellos, para defenderme del maligno, para curar mis heridas, quitar de mi cabeza malos pensamientos, es decir, en el terreno de combate. No hubo permiso para construcción ni para ayudantes extras.

No solamente el Padre se opuso a la construcción de los tabernáculos, sino que añadió un testimonio a su favor. “Este es mi Hijo amado…” Su legítimo representante, su misma voz, su propia palabra. No vocero, siervo, profeta, sino Hijo. El mismo sentido que hallamos en Jn. 14:8-11.
Si es Hijo de Dios, su doctrina no está errada, su instrucción es infalible, el camino que señala, la verdad que revela, conduce sin errar a Dios. La iluminación de su cuerpo había sido una muestra de esa verdad, vistiéndose por algunos minutos de su ropaje de gloria celestial, con aquel esplendor que tuvo con el Padre antes que el mundo fuese; para luego, tras unos minutos volver a su apariencia de humillación. La transfiguración es su manifestación de esencia, forma y gloria. Estamos confiados, quien nos conduce al Padre es su mismo Hijo amado.
La voz le dijo más: “Mi Hijo amado”. ¿Para qué hacía falta un testimonio tan alto? ¿Por qué el Padre nos revela sus sentimientos más íntimos hacia Jesús, precisamente a sus apóstoles? Porque Jesús es el total y directo objeto del amor divino. El total y directo objeto del amor de Dios es Cristo, su Primogénito. “Sus hermanos”, nosotros, hechos conforme a su imagen, somos objeto de su amor por medio suyo, indirectamente. El amor de Dios llega hasta nosotros por mediación de El. Su vida y muerte no es sólo una prueba de su amor sino un vehículo suyo. “Porque de tal manera amó Dios al mundo que dio a su Hijo Unigénito para que todo aquel...” Jn.3:16. Ese, me parece, es la total y abarcativa explicación de la grandiosa expresión, ¡porque de tal manera!, que dio al que amaba más, para amar a los que no merecían ningún amor. Quita a Cristo del medio y su amor hacia ti se apagaría, porque todo lo que eres y tienes se lo debes a él; fuera de Cristo eres aborrecible.
Si Dios te acepta como hijo suyo es “en el Amado” Ef.1:5-6. Si no estuviera Cristo como Mediador, si no nos halláramos en él, seríamos “hijos de ira lo mismo que los demás” Ef.2:3. La meta del amor divino es Cristo, el Hijo, tú y yo somos incluidos en ese amor. Te aman con amor eterno, es cierto, porque fuiste escogido en Cristo desde antes de la fundación del mundo. Ef. 1:3-4. Mientras no estés en Cristo estás bajo ira, cuando por fe estás en Cristo, estás en amor.  ¿En qué forma vives, bajo ira o bajo cólera?
¿Qué hicieron los tres elegidos cuando les fue revelada esa verdad? Inmediatamente adoraron. “Al oír esto los discípulos se postraron sobre sus rostros, y tuvieron gran temor” v.6. Se asustaron. No por la luz gloriosa ni por el ruido impetuoso de la voz celestial, sino por lo que oyeron, por el mensaje que aquella voz les dejó. Dice: “Al oír esto”. ¿Por qué sintieron pánico si las palabras fueron, “éste es mi Hijo amado…? ¿Qué susto podía darles sino que ellos de por naturaleza no lo eran? ¿O sintieron miedo porque con imprudencia habían pedido para acompañarles dos instructores asistentes? Lo mismo lo uno que lo otro, o ambos. Cuando descubro que no soy amado fuera de Cristo o cuando me gozo que su amor profundo e inmenso fluye hacia mí por medio suyo, me lleno de reverencia y temor, adoro. ¿Te pasa igual? ¿O tú dices, con casi arrogancia, “Dios me ama, Dios me ama” sin pensar por quién te ama? ¿Cómo podrá amarte si a sus ojos purísimo no eres digno? Su amor llega a ti por medio de Aquél que aparta de Dios la ira. Propiciación.
Observa que esa verdad, como nos ama Dios, los asusta más que todo lo otro. Han visto a Jesús revestido de gloria, el alma de Moisés, y Elías glorificado en cuerpo, han sido cubiertos por una nube, pero todo ello no los estremece tanto como aquel mensaje de Dios, que el centro del amor divino no son ellos sino Jesús; el impresionante Hijo que contemplan, y que sus oídos deben estar siempre orientados hacia su boca. Aun los que somos tan favorecidos por Dios y sentimos los cálidos rayos de su amor en Cristo, nos arrodillamos con temor ante él; porque nuestra seguridad de ser amados y vivir eternamente, la agradece a su misericordia.

domingo, 18 de febrero de 2018

No vivas sólo con gracia vieja, renuévala cada día


Levítico 25:18-22
“Cumpliréis, pues, mis estatutos y guardaréis mis juicios, para ejecutarlos, para que habitéis seguros en la tierra. Entonces la tierra dará su fruto, comeréis hasta que os saciéis y habitaréis en ella con seguridad”. 

El Señor sabe lo que te ha de costar cumplir sus estatutos y él hará la provisión para hacerlo posible; cuando te dispongas a cumplir con lo que te pidió contarás con su bendición para que te sea fácil, ligera su carga (Mt.11:29,30). Tendrás razones para no desobedecer a Dios, no te hará falta la desobediencia. El pueblo se preguntaba, si dejamos de trabajar todo un año, ¿qué comeremos? Y la divina respuesta le llegó: “Cuenten con bendiciones adelantadas. Lo que yo pido lo doy primero, todo lo tengo pensado”. No debiéramos sospechar jamás que seremos olvidados y abandonados por Dios. Les dice “por tres años”; la solución está en estas palabras: “Yo enviaré mi bendición”, y sería tan grande que de ella podrían estar comiendo varios años. A esa gran bendición le llama añejas (26:10). Son buenas Señor, pero no nos dejes de bendecirnos para que no vivamos sólo de gracia vieja, de lo que un día nos diste. Renueva tu atención con nosotros y úngenos con aceite fresco (Sal.92:10). Para cada cosa necesitamos una gracia distinta, y una cantidad diferente.


jueves, 15 de febrero de 2018

Rumiante y con la pezuña partida


LEVÍTICO 11:1-8
“Hablad a los hijos de Israel, y decidles: "Estos son los animales que podréis comer de entre todos los animales que hay sobre la tierra”. 

Nota primeramente quién establece la clasificación de lo que es limpio o inmundo. Es Dios. No es el juicio de los hombres, sus opiniones. Es Dios. No hay otra razón que su voluntad. Los hombres aprendemos lo que es limpio y lo que es inmundo por su Palabra. Los hombres pueden llamar limpio a algo y a los ojos de Dios es inmundo, bueno algo y a los ojos del Señor, malo, muy malo. Pueden llamar “a lo bueno malo y a lo malo bueno” (Isa.5:20). A una cosa sublime y Dios la tiene como abominación (Luc.16:15).

Según el Señor, para que un animal fuera limpio necesitaba una combinación de dos características. Tenía que tener la pezuña hendida y ser rumiante. Si una de las dos faltaba, la otra no lo hacía comestible. Aunque no hubiera duda de que su pezuña estaba hendida si no rumiaba, no servía para comer; y si se sabía que rumiaba, pero su pezuña no estaba hendida, tampoco clasificaba como animal limpio. La limpieza dependía de la combinación de las dos. Con la mitad de los requisitos no era limpio. Una característica, por prominente que fuera, cumplía la ley sólo por la mitad y no servía para su ingestión. Todo o nada.  Esto no se dice por los animales, se dice por nosotros (1Co.9:10), para que aprendamos a investigar la autenticidad de nuestra religión, cuán completo somos en ella y si somos santos o no, limpios a los ojos de Dios o inmundos.

A mi juicio la característica como rumiante tiene que ver con la palabra de Dios, sin la cual ningún ser humano podrá ser limpio. Jesús dijo: “Vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado” (Jn.15:3; Efe.5:26). El que es santo a los ojos de Dios, se relaciona con su palabra. No solo la ingiere, sino que la degluta. La medita y la guarda en su corazón. La elabora para su propio beneficio. Reflexiona sobre lo que ha oído para estar seguro de que ella proviene del Espíritu Santo y para posibilitar que pase a formar partes de su entero organismo y se transforme en vitalidad, fuerza. Muchos acaparan un gran bulto de alimentos y lo ingieren sin digerirlo y no sacan ningún provecho de lo que han oído. Todos los animales comen, pero no todos rumian. Muchos oyen la palabra, pero no todos la rumian. Los santos son los que rumian. La convierten en tejido suyo, piel suya, hueso suyo, sangre suya, sudor suyo. Si tú los pudieras investigar por dentro hallarías que sus tuétanos están llenos de ella. Ese es el secreto de su santidad, la influencia que el Espíritu ejerce sobre ellos por medio de la Palabra.

La segunda característica para que fuera limpio tenía que tener la pezuña hendida, y esto lo relaciono con su modo de vida. No dijo el Señor que tuviera la pata bonita. Podía ser fea, pero con la pezuña hendida. Aprobaba. La primera característica se halla en la mandíbula y en el estómago, y esta otra en su pie. No en la lengua. En el pie. No en el oído, en el pie. No en el lomo, en el pie. No en el cerebro, en el pie. No en su inteligencia, no en su fuerza, no en su tamaño. Siempre en su pie. Y eso se dice también por nosotros: Cómo andamos en este camino y cómo son nuestros pasos en esta vida.

domingo, 11 de febrero de 2018

Cómo uno explicaría un accidente


EXODO 21:12,13
“El que hiriere a alguno, haciéndole así morir, él morirá. Pero si no estaba al acecho, sino que Dios permitió que cayera en sus manos, entonces yo te señalaré un lugar donde pueda refugiarse”. 

En el AT no se le da ningún rol a la suerte o la casualidad y los accidentes son vistos con la participación activa de Dios, como aquí. Mira como uno de ellos se explica por la voluntad de Dios. Una teología formada sin raíces en el Antiguo Testamento procuraría disculpar a Dios para que no tenga nada que ver con el accidente, y tal vez el producto sea más filosofía que otra cosa. Es la misma forma de interpretación cuando leemos que “Jehová endureció el corazón de Faraón…”.  No que faraón lo endureció, lo cual es cierto, pero excluye a Dios del programa. Así enseñó Dios a su pueblo (Job 2:10; Am.3:6; Isa.54:6,7). Y si hurgas en el Nuevo Testamento hallas esto, Ro.9:18-23. Los atributos divinos, omnipotencia, omnisciencia, providencia, y muchas promesas, no permiten otra explicación, sin hacer a Dios responsable del pecado, pero aceptándolo todo por fe y dejando lo que quede en oscuridad en el misterio de su voluntad. Las cosas reveladas son para escudriñarlas nosotros, pero las que no, hay que dejarlas a la secreta voluntad de Dios (Deu.29:29). Si quiere introduzca la voluntad permisiva de Dios. Hay cosas horribles que casi nadie tiene voluntad para alzar el dedo y decirle a Dios: fuiste tú.

How would one explain an accident
EXODUS 21: 12,13

"He who hurts someone, thus making him die, he will die. But if he was not on the lookout, but God allowed it to fall into his hands, then I will point you to a place where he can take refuge. "
 

In the OT no role is given to luck or chance and accidents are seen with the active participation of God, as here. Watch as one of them is explained by the will of God. A theology formed without roots in the Old Testament would seek to excuse God so that it has nothing to do with the accident, and perhaps the product is more philosophy than anything else. It is the same form of interpretation when we read that "Jehovah hardened the heart of Pharaoh ...". Not that Pharaoh hardened it, which is true, but it excludes God from the program. Thus God taught his people (Job 2:10, Am.3: 6, Isa.54: 6,7). And if you dig into the New Testament find this, Ro.9: 18-23. The divine attributes, omnipotence, omniscience, providence, and many promises, allow no other explanation, without making God responsible for sin, but accepting everything by faith and leaving what remains in darkness in the mystery of his will. The revealed things are to scrutinize us, but those that are not, must be left to the secret will of God (Deu.29: 29). If you want, enter the permissive will of God. There are horrible things that almost nobody has the will to raise his finger and tell God: it was you.

  1 Juan Mayormente el contenido de esta carta, si es que a pesar de la repetición de asuntos, se puede considerar de esa manera y no como...