viernes, 4 de octubre de 2013

Queremos darle al pastor más trabajo


1 Crónicas 9: 32
"Y algunos de los hijos de Coat tenían a su cargo los panes de la proposición, los cuales ponían por orden cada día de reposo". 

¿Eso era lo que hacían todo el día? Tal vez no, harían otras cosas pero se indica la participación de ellos en el culto sagrado. A veces las cosas importantísimas son las más pequeñas. Quizás lo que Dios dispone para uno es que haga un poco de algo y no muchas cosas, y no porque seamos indolentes sino porque eso es lo que quiere y lo demás lo hacen otros. Si un pastor tiene que predicar un sermón semanal, ensenar una hora la Biblia y hacer algunas visitas a los enfermos, ¿es poco ese trabajo? ¿Quisiéramos darle más trabajo que el que Dios le dio?

Los apóstoles unánimemente decidieron que no intervendrían en las funciones de los diáconos, y separaron sus respectivos oficios, y advirtieron a la asamblea de cristianos que ellos harían solamente dos cosas, dedicarse a la oración y a la predicación del evangelio (Hch. 6:4). No necesariamente hay que recargar los hombros y llenar la agenda cotidiana de un pastor para justificar su utilidad, o su salario. Eso quiere decir que a esas dos cosas de dedicar todo su tiempo, toda su energía y talentos, o lo que es lo mismo se le selecciona para que tenga intensidad su ministerio.

No tiene que cubrir muchos campos y ser un "hacedetodo" en la iglesia, porque si para llamar trabajo tiene que enredarse en los negocios de la vida, y secularizar su vocación, entonces tal definición hay que calificarla valientemente como defectuosa. Seguro que ocho horas de trabajo para poner los panes de la proposición en orden, cosa que se puede hacer en 10 minutos, y dejar libre para lo que quiera a estos hombres, es acostumbrarlos al ocio, y si se tratara de producción, el resultado sería una catástrofe. Pero el ministerio sagrado, Dios no lo mide de esa manera. Velar con Cristo una hora de oración es haber trabajado bien, y cuatro o cinco horas de trabajo público en la enseñanza del evangelio, y el resto para estudio, meditación, supervisión y atención a los enfermos, es una ocupación casi excesiva para un solo hombre que también tiene un hogar y su familia.