martes, 29 de octubre de 2013

Los tiempos de una iglesia pequeña



Salmo 105:12-15
“…cuando ellos eran pocos en número, muy pocos y forasteros”  (ver Ge. 20:7; Num. 12:7; son llamados profetas).

¿Perteneces a una iglesia con pocos miembros? En esa época cuando los miembros de Israel eran pocos en número, no fue su peor tiempo sino uno de los más bendecidos porque toda la congregación no sumaba más de setenta y cinco personas (Hch. 7:13); y eso ya en tiempos avanzados cuando habían aumentado algo, porque en los tiempos de Abraham e Isaac eran menos. Cuando el padre de la nación libertó a su sobrino Lot de manos de aquella confederación cananita que atacó a Sodoma, (Ge. 14), dice que tuvo mucho miedo pero Dios lo alentó así: “No temas Abram, yo soy tu escudo y tu galardón será sobremanera grande” (Ge. 15:1). Y después de esto en tiempos de Jacob, cuando sus dos hijos Simeón y Leví vengaron la deshonra de su hermana Dina sobre los hijos de Siquem, el patriarca temió que lo extinguirían por completo y dijo: “Entonces Jacob dijo a Simeón y a Leví: Me habéis arruinado, haciendo que yo sea odioso entre los habitantes de esta tierra, entre los cananeos y los ferezeos. Teniendo yo pocos hombres, se juntarán contra mí, me herirán y me destruirán a mí y a mi casa” (Ge. 34:30). Pero sus temores tampoco se hicieron realidad porque Dios cuidó aquel pequeño grupo a pesar que hacían cosas no convenientes para la supervivencia de la familia.

Hay veces que las iglesias son pequeñas y desaparecen por problemas internos que les pasan, pero si el que dirige la obra es un consumado siervo de Dios, los pecados y desatinos que cometan los miembros de la familia no perjudicarán definitivamente su existencia; el rebaño sobrevivirá y seguirá creciendo porque Dios cumplirá su propósito con él.  Los tiempos de una iglesia pequeña pueden ser tiempos de mucha bendición espiritual y grandes manifestaciones divinas.

Una congregación pobre y pequeña puede tener futuro y ser una bendición del cielo para sus miembros, aunque no tenga recursos para fabricar su propio templo y se convierta en una congregación nómada, obligada a ir de un sitio a otro como Israel “de nación en nación y de un reino a otro pueblo” (v.13). No hay base bíblica para afirmar que Dios sólo visita los cultos de aquellas iglesias grandes que tienen su propio edificio y mucho dinero para sostener diferentes ministerios, ni siquiera hay garantía para afirmar que la palabra que predican es inspirada por el Espíritu Santo. Puede que sí o puede que no, porque el Espíritu no tiene en cuenta esas cosas. No tengas reparos en pertenecer a un pueblo pequeño, siempre y cuando sean fieles a Dios. Ojalá  sean muchos y no pocos, y todas las iglesias pequeñas crezcan y sigan fieles. Quizás estés espiritualmente más seguro en una manada pequeña que en un gran rebaño. Cuando el pueblo de Dios era pequeño, fue tan hermoso para él que quien lo tocaba, tocaba la niña de sus ojos y no consentía que nadie los agraviase en lo más mínimo.  Cuando Labán traía palabras groseras para decírselas a Jacob, Dios le apareció en sueños y le advirtió que guardara su lengua de hablarle “descomedidamente” porque no quería que insultasen a su ungido. No menosprecies nunca una iglesia pequeña que pudiera ser que en ella es donde mejor cuidada se halla tu alma. Amén.