jueves, 17 de octubre de 2013

Si la iglesia no siente deseos de orar por sus gobernantes


Salmo 72
Porque él librará al menesteroso que clamare, y al afligido que no tuviere quien le socorra. Tendrá misericordia del pobre y del menesteroso, y salvará la vida de los pobres. De engaño y de violencia redimirá sus almas, y la sangre de ellos será preciosa ante sus ojos”. 

Este salmo, compuesto para Salomón, contiene peticiones para cualquier magistrado; principalmente ruega que el nuevo gobernante se ocupe de los pobres (vv. 2,4,12,14) y que defienda sus derechos.  Ese es el rey que le conviene al pueblo de Dios y se le promete de cualquier manera, una gran extensión territorial, específicamente en el ámbito religioso (vv.10,12). La economía doméstica será levantada tremendamente y los agricultores prosperarán (v. 16), alcanzando también la bendición a la población urbana. Si el rey se dispone a favor de la clase pobre, recibirá la bendición de Dios y su pueblo orará por él continuamente (v. 15), dándole gracias e intercediendo para que reciba salud y sabiduría. Ningún gobernante lo está haciendo bien ante los ojos de Dios si la iglesia no siente deseos de orar por él con gratitud.

No es fácil a veces orar con agradecimientos a Dios por un gobernante que ha puesto en marcha la economía, que ha levantado el índice de empleos, que tiene programas específicos para socorrer a los enfermos, a los pobres y a los extranjeros, pero que en algunos renglones éticos es liberal y erosiona los principios de moral cristiana; como tampoco es fácil sentir gratitud por otro que propone una plataforma política mucho más ortodoxa y moralmente mejor pero legisla casi sólo para los ricos que influencian su posición con dinero y poder. Suele ser difícil en estos casos, ejercer el privilegio del voto.

Pero más allá el salmo habla de Cristo (v. 17). Ningún rey como él. Me parece que nunca podremos hallar un gobernante como Cristo; oramos a Dios para que nos dé sabiduría para conocer cuál es el mejor y más conveniente para su reino. El Señor permita que no sólo se postulen para la presidencia profanos mediocres, sino también grandes y justos varones en quienes sea visible el sello de su aprobación; hazlo Señor, para que tu pueblo no se sienta confundido al votar y haciéndolo, instruido por tu ley, apruebe lo mejor, para nosotros y para nuestros hijos. Amén.