jueves, 31 de octubre de 2013

Dios no es un Dios viejo


Salmo 110:3
"Tú tienes el rocío de tu juventud".   

La juventud es para ti como el rocío” (LBLA). Debemos pensar en Cristo como una persona siempre joven, rey joven, sacerdote joven, profeta joven, como un Dios joven. ¿Por qué imaginar la eternidad como algo viejo? Lo que no se envejece siempre es nuevo; por eso también se le llama "el lucero de la mañana" (2 Pe. 1:19; Apc. 22:16). Jesús es el fin de la noche, lo que adorna el cielo cuando el panorama es totalmente oscuro. Con Jesús amanece, el mundo se cubre con rocío.

Estos dos versículos 3,4, describen quién es Jesús y cómo reinará. Un sacerdote eterno (He. 7:3). Sus palabras siempre son nuevas, no digo modernas, son antiguas pero nuevas, esto es, vigentes y valiosas como el viejo oro y las piedras preciosas; sus doctrinas son nuevas siempre, actuales, prácticas, para cualquier siglo, en el tiempo que viva el hombre. Y renueva el espíritu de los que el pecado ha envejecido, renueva con bendiciones, con alegrías, esperanza, con perdón, porque el error, la tristeza y la muerte envejecen; Jesús es el remedio para el desgaste moderno, la savia que el hombre de hoy necesita, los tuétanos, el meollo y la grosura. Es siempre actual, el centro de todo, y este mundo rutila alrededor de un gran vacío, Jesús lo llena todo (Efe.4:10)….hermoso Jesús (Sal.45:2). Yo quiero tener esa clase de juventud, eterna.