jueves, 10 de octubre de 2013

La ilusión de volver al púlpito



Salmo 51: 13
“Enseñaré a los pecadores tus caminos y se convertirán a ti”.

¿Desea David después de haber cometido adulterio y homicidio trabajar en la salvación de los demás? ¿Cómo se encuentra y cómo lo miran después de su catástrofe espiritual? ¿Cómo es posible que piense que puede volver a enseñar la Palabra de Dios? ¿No se sentiría mejor si renuncia a su vocación? ¿El adulterio y la complicidad en un asesinato no lo han eliminado? (1Co.9:27).

Existe como un sentimiento universal querer retener lo que se ha perdido una vez que se ha pecado; David lo sintió así y por eso dijo al Señor que le concediera una multitud de cosas espirituales para volver a ser quien había sido antes de su caída y constituirse de nuevo en un maestro de la Palabra.

Cuando un hombre ha dedicado su vida entera a enseñar a los pecadores y peca, generalmente no sabe hacer otra cosa, y no es el caso de David, le es difícil hacerla, ¿cómo comenzar a iniciarse en una vocación distinta, si ha recorrido gran parte de la vida en una? Son  algunos motivos para plantearse el regreso al ministerio de la Palabra. A veces además la sinceridad del arrepentimiento, la honestidad de la fe en Dios y en su grandeza, el íntimo convencimiento de que el pecado fue un error y una insensatez, el deseo de no repetirlo, las muchas experiencias espirituales que se han aprendido de Dios y de la gracia en tales circunstancias, el deseo de agradarle y de reparar la falta o mostrarle lealtad después de la trasgresión, y la ilusión que los pecadores se convertirán con sus nuevos sermones.

El problema está en el inexorable juicio del público y su insuperable buena memoria que archiva perfectamente los malos recuerdos. ¡Oh pobres de aquellos ministros eliminados que no pueden volver a sus púlpitos deseándolo de corazón!Oremos por ellos.