jueves, 31 de octubre de 2013

Toma tu vocación con calma



Salmo 110:1,2
“…siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos bajo tus pies”. 

No le dijo: “Corre de un lado para otro, lucha, esfuérzate, derrama mucha sangre para que puedas hacer el templo y no tengas que dejárselo a tu hijo”, sino “siéntate a mi diestra”, “repósate, estate tranquilo, ten sosiego, toma tu vocación con calma, deja a tus muchos enemigos bajo mi responsabilidad, yo me encargo de ellos”.

Oh Señor, David no se dio reposo, siendo llamado a esa promesa no se incorporó a ella, la creyó pero no la disfrutó. Creyó que Dios pondría a sus enemigos bajo sus pies pero no disfrutó tranquilidad y paz espiritual. Creyó que era algo que él podía hacer no algo que Dios haría por sí sólo. Los años de David fueron pocos porque él mismo se acabó espiritualmente, se “emproblemaba”, oraba por sus problemas pero no se sentaba espiritualmente, sufría, luchaba, se movía y no tenía ni una hora de tranquilidad. Sus salmos son un mar tempestuoso. Vivió en constante inquietud. Fue un hombre conforme al corazón de Dios, hizo todo lo que el Señor quiso, pero sin reposo. 

Se encaneció, se arrugó y se consumió a lo largo de sus sesenta o setenta años. Venció a sus enemigos pero ellos le hicieron espiritualmente mucho daño; sufrió en carne propia lo que debió haber dejado que su Redentor, el Cristo, sufriera; sus salmos están llenos de los sufrimientos de Jesucristo, él mismo se clavó en la cruz, repartieron espiritualmente sus ropas y murió diciendo: “Padre, Padre, ¿por qué me has abandonado? (Sal.22:1)”. Obtuvo éxito pero no disfrutó la promesa. Oh, Dios, si pudiéramos con tu ayuda, aunque hagamos menos creer más. Amén.