jueves, 31 de octubre de 2013

DÍA DE LA REFORMA PROTESTANTE





 TetzelLutero, Catedral de Wittemberg



Hoy 31 de Octubre DÍA DE LA REFORMA PROTESTANTE
(Continuación de la entrada anterior)
“Aunque los acontecimientos posteriores revelaron otra faceta de su carácter, durante todo este tiempo Lutero parece haber sido un hombre relativamente reservado, dedicado a sus estudios y a su lucha espiritual. Su gran descubrimiento, aunque le trajo una nueva comprensión del evangelio, no lo llevó de inmediato a protestar contra el modo en que la Iglesia entendía la fe cristiana. Al contrario, nuestro monje continuó dedicado a sus labores docentes y pastorales y si bien hay indicios de que enseñó su nueva teología no pretendió contraponerla a la que enseñaba la Iglesia.

“Poco a poco, y todavía sin pretender ocasionar controversia alguna, Lutero fue convenciendo a sus colegas en la Universidad de Wittemberg. Cuando por fin decidió que había llegado el momento de lanzar su gran reto, compuso 97 tesis, que debía servir de base para un debate académico. En ellas, Lutero atacaba varios de los principios fundamentales de la teología escolástica, y por tanto esperaba que la publicación de esas tesis, y el debate consiguiente, fueran una oportunidad de darle a conocer su descubrimiento al resto de la iglesia. Pero, para su sorpresa, llegó la fecha del debate y solamente se le prestó atención en los círculos académicos de la Universidad. Al parecer el descubrimiento de que el evangelio debía entenderse de otro modo al que corrientemente se predicaba, que le parecía tan importante a Lutero, tenía sin cuidado al resto del mundo.

“Pero entonces sucedió lo inesperado. Cuando Lutero produjo otras tesis sin creer en modo alguno que tendrían más impacto que las anteriores, se creó un revuelo tal que a la larga toda Europa se vio envuelta en sus consecuencias. Lo que había sucedido era que, al atacar la venta de las indulgencias, creyendo que no se trataba más que de la consecuencia natural de lo que se había discutido en el debate anterior, Lutero se había atrevido, aún sin saberlo, a oponerse al lucro y los designios de varios personajes mucho más poderoso que él.

“La venta de las indulgencias que Lutero atacó había sido autorizada por el papa León X, uno de los peores papas de aquella época de papas indolentes, viciosos y corrompidos. León le hizo saber que estaba dispuesto a concederle a Alberto lo que pedía, a cambio de 10,000 ducados. Puesto que ésta era una suma considerable, el Papa autorizó a Alberto a proclamar una gran venta de indulgencias en sus territorios, a cambio de que la mitad del producto fuese enviado al erario papal. Parte de lo que sucedía era que León soñaba con terminar la Basílica de San Pedro, comenzada por su predecesor julio II, y cuyas obras marchaban lentamente por falta de fondos. Luego, la gran basílica que hoy es orgullo de la Iglesia romana fue una de las causas indirectas de la Reforma protestante.

“Quien se encargó de la venta de indulgencias en Alemania central fue el dominico Juan Tetzel, hombre sin escrúpulos que a fin de promover su mercancía hacía aseveraciones escandalosas. Así, por ejemplo, Tetzel y sus subalternos pretendían que la indulgencia que vendían dejaba al pecador “más limpio que al salir del bautismo”, o “más limpio que Adán antes de caer”, y que “la Cruz del vendedor de indulgencias tiene tanto poder como la Cruz de Cristo”, y que, en el caso de que quien compra una indulgencia para un pariente difunto, “tan pronto como la moneda suena en el cofre, el alma sale del purgatorio”. Tales afirmaciones causaron repugnancia entre los mejores informados, quienes sabían que la doctrina de la Iglesia no era tal como la presentaban Tetzel y los suyos. Se resentiría el espíritu nacionalista alemán, que veía en la venta de indulgencias un modo mediante el cual Roma esquilmaba una vez más al pueblo alemán, aprovechando su credulidad, para luego despilfarrar en lujos y festines los escasos recursos que los pobres alemanes habían logrado producir con el sudor de su frente. Pero aunque muchos abrigaban tales sentimientos, nadie protestaba, y la venta continuaba. Fue entonces cuando Lutero (un día como hoy, 31 de octubre de 2013) clavó sus famosas 90 y cinco tesis en la puerta de la iglesia del castillo de Wittemberg.” (La Era de los Reformadores, Justo L. González, páginas 50-53).