sábado, 19 de octubre de 2013

Ministerios trascendentes


Juan 15: 13-17
“Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. 13 Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. 14 Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. 15 Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer. 16 No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé. 17 Esto os mando: Que os améis unos a otros”.

Esta porción comienza y termina con la insistencia de Jesús sobre el amor fraternal (vv.12,17); y el ejemplo principal es él mismo, indicando su muerte ejemplar, porque lo que lo motivó a nuestra redención, sustitución, expiación y justificación en la cruz, fue el amor que nos tuvo. La cumbre del amor fraternal es cuando se está dispuesto a sustituir a un culpable siendo el sustituto inocente, o cuando de cualquier manera se arriesga la vida y se pone a disposición de un amigo para de amenazas y peligros salvarle. Esa palabra amigo, Jesús la usa con propiedad puesto que haciendo reconciliación con Dios nos ha pasado de enemigos a amigos, y con esa idea y propósito es que expone su vida por sus amigos que son de acuerdo a sus palabras sus elegidos (v.16).

Jesús murió por su iglesia, y pagó la reconciliación de sus escogidos, y en este caso aquellos que son elegidos para salvación y elegidos para el apostolado, esto es para predicar el evangelio, aquellos que son elegidos desde el vientre de su madre para anunciar su evangelio, y a ser sus amigos y además compañeros, les garantiza que tendrán vida y ministerios fructíferos (v.16).

La claridad de esta declaración es meridiana y asegura la convicción de sus ministros que ellos no han elegido su oficio sino que él los ha elegido y les ha dado ese oficio, el cual en buena medida siempre será fructífero y edificado principalmente sobre una vida en tal condición, quiere decir también con frutos, y ambos frutos, en vida y ministerio, serán permanentemente exitosos, pues dice que ellos serán perennes y como serán auxiliados por el Espíritu Santo y les será dada toda palabra que salga de sus bocas, los convertidos con su sermones contarán con una permanencia constante, es decir serán santos perseverantes, y cuando ellos pasen de este mundo sus convertidos continuarán predicando con palabra y vida, y no se evaporará nunca la obra que hicieron.

Promesas más grandes de servicio no podría habérselas dicho con las cuales regocijarles el corazón y darles fe en el trabajo y testimonio que hicieran. Así, con esa promesa, no dejaban de elevar oraciones por la trascendencia de sus trabajos; si el Señor así lo quisiera para su gloria. Y la realidad histórica es que fueron oídos.