martes, 8 de octubre de 2013

Dios tiene tanto interés en mi vida cristiana que me paga

Salmo 19:11
“El testimonio de Jehová es fiel. Tu siervo es además amonestado con ellos; en guardarlos hay grande galardón”. 

“En guardarlos hay gran recompensa”. La vida cristiana tiene promesa en esta vida presente y en la venidera. El mismo diablo conoce esa verdad, que nadie sirve a Dios de balde (Job 1:9-10). Por Jesús sabemos que él promete pagarnos todo lo que hagamos por su servicio a nuestros hermanos desde un vaso de agua fría hasta lo que más valga; y recompensarnos por cualquier pérdida que nuestra adhesión a él conlleve: Cien veces más y la vida eterna. El que pierda su vida la hallará. Por tanto, si la palabra de Dios nos amonesta, ¿por qué no soportar la exhortación? (He. 13:22).
 
¿Quién ha vivido un sólo día obedeciendo el evangelio y no ha recibido un salario por él o le han premiado? Lo que estoy obligado hacer porque se me demanda, lo debo hacer porque me conviene. Se me premia como si Dios obtuviera algún beneficio de mi fidelidad. ¡Maravilla de Dios! (Mal. 1:10). Dios tiene tanto interés en mi vida cristiana que me paga. Me paga para que sea creyente, santo, fiel, para que ame, para que tenga paciencia, para que perdone. Yo sé que he vivido sin malgastar mi vida, al contrario, el uso en su servicio me ha evitado desperdiciarla; me ha ahorrado muchas lágrimas y sinsabores (Jer. 31:16; Ge. 15:1). Otros cuando mueran, sus trabajos los acompañarán en sus fosas, pero lo que yo he hecho permanecerá, tendré tesoros en el cielo. Lo que se hace ahora tiene su continuidad en el mundo venidero (1 Co. 3:13-15; Apc.14:13). Somos grandes negociantes.