lunes, 30 de septiembre de 2013

Si la melancolía no se quita con oración


1 Reyes 19:4
“Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres”. 

“Y deseando morirse”. No tiene razón suficiente para sentirse así; pero ¿quién lo podrá culpar si nosotros tenemos similar experiencia, como lo deseó Jonás y Job? Quizás pensó que su experiencia con Dios había sido tan grande que al saberse todo el reino de Israel se volvería a Jehová, incluyendo a la reina Jezabel; y que cuando la noticia alcanzara su presencia caería arrodillada ante Dios. Pero no fue así, su vivo celo por Jehová en contraste con, según lo sentía, su fracaso vocacional, lo vendió a la depresión (v. 10) y prefería morirse a continuar siendo un profeta. Elías no deseaba la muerte porque no amara la vida sino porque pensaba que su ministerio era un fracaso. También pensaba que la causa de Dios estaba perdida. En todo estaba equivocado.

¿Vas a dejar tu ministerio porque los hombres no lo aprecian? ¿No hablarás más de Jehová porque lo haces a oídos sordos? ¿No intentarás más la conversión de ellos porque no creen? ¿Tú fuiste llamado por el Señor para testificar de él o para tener éxito? Nuestras depresiones y desánimos suelen provenir de ideas equivocadas. Dios sostiene su obra no solamente con tus palabras ni únicamente por tu testimonio (v.18). ¿Y el ministerio de Abdías? (18:3,4). El descanso es necesario para replantearnos de modo distinto, más objetivo, lo que hemos hecho, nuestra misión, y el estado real de la obra. ¿Por qué crees que Dios vino en un silbo apacible? (v.12). Para mostrarle que su presencia se hallaba de modo imperceptible, delicado, sin estruendos ni conmociones y para él era importante saberlo y que no se desanimara si no veía su acción con terremotos y ciclones.

¡Qué difícil es reflexionar bien en nuestros desánimos! ¿Me aplico yo estas palabras, y estoy trabajando para cumplir la voluntad de Dios o para obtener resultados? ¿Para que él me diga "bien buen siervo y fiel, sobre lo poco...", o para traerle cantidades multiplicadas, para impresionarlo y merecer alabanzas? Nuestras expectativas tienen que ser controladas por el propósito de Dios; y en tiempos de tempestades es conveniente comerse una torta, como la que el ángel le ofreció calientita  a Elías, con un vaso de agua (no Coca-Cola), y meterse en una cueva privada, y descansar, que si la melancolía no se quita con oración, desparece comiendo y durmiendo, aunque se halle deprimido hasta el tope.