domingo, 29 de septiembre de 2013

Su pecado fue una excepción y no la norma de su vida


1 Reyes 15:5
“Y anduvo en todos los pecados que su padre había cometido antes de él; y no fue su corazón perfecto con Jehová su Dios, como el corazón de David su padre”.  

 “Excepto en lo tocante a Urías heteo”. Es una lástima que David suela ser recordado tanto por un solo pecado, casi más que por ser el dulce cantor de Israel, el autor de tantos salmos, y su excelencia como rey. Su pecado fue una excepción y no la norma de su vida. ¿Y por qué? Por la gracia de Dios que hace que sea así ¿no es maravilloso aún? Y un solo pecado cometido pero que no se sujetó a él como esclavo.

¿De dónde sacó ese poder para dominarlos a todos? De la gracia, ¿y realmente fue ése el único pecado que cometió? ¿Qué pasa con el censo que hizo, con el engaño al sacerdote de Nob, con su testimonio entre los filisteos e incluso con su harén? Pudiera pensar que al piadoso autor del libro de los Reyes se le olvidó mencionarlos y sólo recuerda este escándalo.

No, no es el autor sagrado sino Dios, estrictamente el que se olvidó de todos los pecados, y se menciona sólo el que la gente tenía como peor de todos. Dios no le recuerda ninguno porque de todos se arrepintió y Dios “tiene mala memoria” para los pecados que perdona, una infinita y eterna "mala memoria" (un antropomorfismo). Oh Señor gracias porque aunque el mundo recuerde mis pecados tú no, tú  los olvidas, tu Hijo Jesús los tapa y detrás de su cruz “no puedes verlos”. Es grandiosa la memoria divina en la salvación. ¿Por qué eres afligido? ¿Por qué no volver a empezar? ¿Por qué habrás de vivir culpándote constantemente y aguijoneada tu conciencia porque la gente lo sabe? Acaba de pensar que sólo la opinión de Dios es importante. Si ya tu espíritu es derecho ante Dios, si él lo ha borrado de su cerebro, olvídate tú, aleja esos fantasmas que a veces desde el pasado te vienen a visitar, espántalos con la sangre de Cristo, y si otros lo recuerdan y conversan de tu caída, sírveles arrepentimiento, es decir, que también recuerden tu arrepentimiento y se enteren que no  has vuelto a pecar, incluyendo con los que pecaste. 

De todos modos, Dios es misericordioso y los pecados que se saben son menos que los que hemos cometido; vive satisfecho con el perdón de Dios, contento con su “mala memoria” para todas tus faltas, que es mejor que la buena reputación tener todos los pecados perdonados, que no haber pecado de ese modo pero ser un impenitente. Dios no vino a salvar a justos sino a pecadores. Es mejor tener de qué arrepentirse y hacerlo que supuestamente no tener nada que lamentar. La buena reputación y la supuesta fidelidad no son avenidas seguras para el cielo, y a menudo desembocan en el infierno.