viernes, 27 de septiembre de 2013

Mujeres asaltadas


2 Samuel 13:11-16
Y cuando ella se las puso delante para que comiese, asió de ella, y le dijo: Ven, hermana mía, acuéstate conmigo. Ella entonces le respondió: No, hermano mío, no me hagas violencia; porque no se debe hacer así en Israel. No hagas tal vileza. Porque ¿adónde iría yo con mi deshonra? Y aun tú serías estimado como uno de los perversos en Israel. Te ruego pues, ahora, que hables al rey, que él no me negará a ti”. Este es el caso de una violación, como en otros, es un familiar el que comete el pecado, pues es quien más posibilidad tiene para hacerlo. ¿Pudiera Tamar ser ejemplo de las mujeres que así son asaltadas? Sus palabras fueron, "no hay razón, mayor mal es expulsarme que la violación".

¿No? El pecado como pecado no es mayor como ella dijo, sin embargo para ella lo era por su deshonra; prefería encadenarse para toda la vida a un hombre que la había abusado que soportar la vergüenza social y posiblemente la soltería perpetua. Pero hoy no se miran las cosas igual, una mujer violada no es apartada por la sociedad sino que más bien la compadece y le ofrece tratamiento para su curación. Una mujer que es abusada jamás se casaría con su violador porque para ella ningún daño es mayor que ese, ni soportaría por la opinión social, verse ligada en matrimonio a él. El daño psicológico que sufre una mujer moderna es mucho que el de otra de aquella época. Ha sido puesta en un plano superior. ¿Y no hay cura para una mujer que es forzada? ¿Qué tratamiento? Un tratamiento social (que no le quita la culpa haciéndole perder la vergüenza; tiene que ver con la culpa y la vergüenza) y espiritual (que le provee respaldo, consuelo y futuro con las promesas de Dios). 

Ha sido abusada pero no deshonrada, la honra una mujer la pierde cuando voluntariamente fornica o adultera, pero una mujer violada es tan santa y gloriosa como antes, no ha perdido ni un ápice de su valor, de su calidad de mujer. No es indigna ni está envilecida; ha sufrido humillación, ultrajada, pero no debe perder su autoestima porque no vale menos. Su caso no la ha arrojado por debajo de las otras mujeres. Debe mirarse socialmente igual que todas. Continuamente tiene que recurrir a su valor, a mirar lo que le pasó como lo mira Dios (es un gigantesco acto de fe). Una mujer abusada sexualmente vale tanto como las otras y más que muchas. Tamar ha perdido su virginidad pero no su honor. Necesita crecer en madurez espiritual para manejar su violación, mirar hacia delante, al futuro y hallar otro hombre que conociendo su pasado la ame porque no es menos mujer para ser amada y para amar. Los sentimientos de venganza y odios dejárselos a Dios y a la justicia humana que saben cómo castigar a estos miserables y cuando lo oiga quedará satisfecha. Una mujer violada no es una mujer sin futuro.