jueves, 2 de mayo de 2013

Evangelización y adoración en la iglesia de Spurgeon


“Lavinia Bartlett, por ejemplo, se le pidió que llenara una posición vacante como maestra de la escuela dominical en 1859. Desde esa fecha hasta su muerte en 1875, se estima que alrededor de 900 a 1000 miembros de su clase fueron unidos a la iglesia. Hay algo que tiene que ser añadido antes que dejemos este punto.

"Hoy el argumento que se escucha es que el sitio de la iglesia es un lugar muy pobre para hacer evangelismo. Se dice que el edificio de la iglesia es el lugar para enseñar a los cristianos, mientras que la evangelización es mejor conducirla fuera del edificio. Spurgeon  hoy no estaría de acuerdo con ese argumento. Es verdad que él estaba listo para aprovechar todas las oportunidades y predicar el evangelio dondequiera, ya fuera al aire libre, como hizo en sus años mozos, en hoteles, en teatros y lugares de este tipo. Ciertamente creyó que cada oportunidad debía ser aprovechada. Pero la razón que él no estaría de acuerdo con ese argumento moderno que usan los cristianos, es que nos reunimos conscientemente en la presencia de Dios, y eso es una forma de demostración y autentificar el poder del evangelio.

"Muchos de los que se encontraban presente en él Tabernáculo Metropolitano no eran simplemente personas que iban para mirar o para escuchar, simples oyentes, sino adoradores, de modo tal que cualquier visitante que llegara a la reunión sería impulsado a postrarse sobre su rostro y "adorar a Dios y dar testimonio de que el evangelio es la verdad" (1Co.14:25). Lo que pasaba en la iglesia del primer siglo en Corinto también ocurría en el siglo XIX en Londres" (Héroes, Ian Murray, pags.267,268).

En otras palabras, en la iglesia de Spurgeon se adoraba a Dios y esa clase de adoración producía impacto espiritual tanto en los que eran cristianos como en los visitantes. No era un lugar de celebración, ni para divertirse, ni para mediante el gozo decir que se adora, era una reunión más solemne, que conducía al arrepentimiento. Los no cristianos se sentían convictos de pecados. No aceptaban a Cristo como Salvador, alegremente. El gozo aparecería en sus rostros después de una honesta confesión de pecados. Sólo en ese sentido la palabra Salvador tendría sentido. No sólo se evangelizaba en las casas y los mercados sino también en el templo, principalmente allí.


El Evangelismo y la expansión de la iglesia
1Co.14:22-25
22 Así que, las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos; pero la profecía, no a los incrédulos, sino a los creyentes. 23 Si, pues, toda la iglesia se reúne en un solo lugar, y todos hablan en lenguas, y entran indoctos o incrédulos, ¿no dirán que estáis locos? 24 Pero si todos profetizan, y entra algún incrédulo o indocto, por todos es convencido, por todos es juzgado; 25 lo oculto de su corazón se hace manifiesto; y así, postrándose sobre el rostro, adorará a Dios, declarando que verdaderamente Dios está entre vosotros”.

La evangelización de la sociedad no es sólo una labor interna de la iglesia, sino además “en el templo y por las casas”, o sea también externa. El apóstol menciona la presencia de indoctos o incrédulos dentro de ella como una posibilidad no como una costumbre que había de invitar a los tales a las reuniones, “si entran” (v.23); la iglesia estaba también vertida hacia afuera, hacia el mundo, no sólo hacia adentro, hacia ella misma. Los hermanos y hermanas hablaban del evangelio a sus compañeros, sus vecinos, sus familiares, y esto era una labor continua, diariamente. De la palabra “indocto” conocemos la castellana “idiota”, ignorante; y de “incrédulo”, “sin fe”.

Sí entraban almas perdidas a los cultos, pero no era la norma porque se buscasen para predicarles porque podían hallarlos en otros sitios y porque el evangelismo de masa también podían hacerlo en las sinagogas y otros lugares de reunión. La argumentación de Pablo en los vv.24,25 lleva el mismo propósito que ya ha enfatizado, que el mensaje en la iglesia debe ser comprensible y cuando se trata de inconversos más, porque el don de lenguas para ellos tenía ese objetivo, que entendieran el evangelio. El Espíritu no le daba el don de lenguas en el mismo idioma en que ellos hablaban, por lo tanto, cuando todos los presentes hablaban una misma lengua, mejor era el don de profecía que el de lenguas. Como puedes ver, el don de profecía en aquellos tiempos dentro de la iglesia no se usaba como predicción futura sino para leer el pasado; “todo lo que he hecho”, se ve que miraba hacia atrás.