jueves, 9 de mayo de 2013

No una teología con armas de fuego. Actitud cristiana hacia los judíos


Hechos 3:17-26
17 Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros gobernantes. 18 Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer. 19 Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, 20 y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; 21 a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo. 22 Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable; 23 y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo.  24 Y todos los profetas desde Samuel en adelante, cuantos han hablado, también han anunciado estos días. 25 Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra. 26 A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad”.

Pedro continúa quitándose la gloria del milagro y dándole el honor al nombre de Jesús, al cual todos ellos predicaban, explicándole a la gente que para recibir perdón era necesaria la fe en su nombre (v.16), y le añade una cosa más, arrepentimiento, diciendo “arrepentíos y convertíos, para que vuestros pecados sean borrados” (v.19), y la buena consecuencia de esa actitud traería sobre ellos tiempos de refrigerio, o una mejora social. Nota que la perspectiva cristiana para mejorar las condiciones sociales del país es por medio de su evangelización. Los científicos, educadores y economistas tienen su lugar y la iglesia el suyo, mejorar la calidad humana con su relación con Dios. No hay que politizar la iglesia que es en esencia distinta a lo que es un estado.

Fíjate que un suceso político es mirado teológicamente. Pedro no eleva el caso de la crucifixión de Jesús a la altura de un crimen político, que lo era por parte de ellos, ni moral mencionando envidia, sino al terreno donde la iglesia tiene una solución, que cometieron aquella barbaridad por ignorancia (v.17) cristiana, aunque eran religiosos, porque si hubieran sabido quién era él nunca hubieran crucificado al Señor de gloria (1Co. 2:7,8). La iglesia está llamada por Dios no tanto para hacer denuncias políticas como para alumbrar su sociedad con enfoques teológicos, sacar de sus errores políticos a los que por ignorancia espiritual desaminan al pueblo. Y no una teología con armas de fuego sino con armas espirituales contra todo lo que se levante contra el conocimiento de Cristo, y no combatiendo la carne y sangre sino a las potestades del aire. Sin odios. Y el apóstol Pedro da el ejemplo de cómo desde una actitud de perdón llama a los criminales al arrepentimiento porque no quiere que sean enviados a la cárcel sino a bautizarse. Y de ese modo como ya he dicho, vendrá la prosperidad al país.

Observa la actitud cristiana hacia los judíos. El sermón de Pedro hacia los judíos no tiende a abrir brechas y separación sino que usa palabras con las cuales puedan ser salvos, cristianos, diciendo que Dios ha cumplido así lo que anunció de antemano por boca de todos los profetas: que su Cristo debería padecer, no que ellos han cumplido lo que Dios anunció que sucedería sino que Dios  lo ha cumplido abandonando a su Cristo en las manos de ellos, no para suavizar lo que antes dijo sino para buscarle una solución, a fin de apartar a “cada uno de convierta de su maldad” (v.26); eso de todos modos no los aliviaba pero les daba una esperanza espiritual y que no se habían metido en un callejón sin salida.  

Hoy los judíos acusan a los romanos de haber dado muerte a Jesús o niegan que se tratara del Mesías a fin de quitarse la culpa de ese pecado atroz. Y esa es la actitud promotora para la evangelización de los judíos, incitarlos al estudio del Nuevo Testamento con sus Antiguas Escrituras para que revisen  la posición hermenéutica de ellos hacia Cristo. No tanto el cristianismo contra el cual tienen tantos justos resentimientos porque en sentido general, y penoso, los ha tratado sin la comprensión apostólica de Pedro, aquel a quien se les entregó las llaves del reino de los cielos.

Sin esa actitud benevolente y no acusadora no se le puede pedir que se arrepientan y conviertan al Señor. Para que todo Israel diga un día “bendito el que viene en el nombre del Señor” y sea salvo, lo que necesita son buenos estudios cristianos sobre su Biblia (como Pedro hace en los vv.20-26), tanto como un apoyo a su derecho internacional a existir como nación. Necesita refrigerio y calma territorial por parte de Jehová que le delineó su geografía, y que sólo se consigue revisando por sus Escrituras quién era Jesús y su relación con Moisés, porque es posible aún, que como pueblo pueda cantar en su holocausto y apocalipsis “el canto de Moisés y del Cordero” (Apc.15:3).

Y Pedro les propone también un cambio en la escatología a los judíos y que no tendrán paz sino hasta el final de la historia cuando Dios  envíe a Jesús (v.20) para la restauración de todas las cosas (v.21). Israel seguirá siendo oprimido por todas partes y poniendo muertos y causando muertes, ganando y perdiendo hasta el día de su conversión a Jesús que le traerá tiempos de refrigerio, y después participará en la restauración del mundo en lo que fue. Los nuevos cielos y nueva tierra no podrán existir sin la conversión de Israel. Ese evento histórico y espiritual ocurrirá cuando llegará a darse cuenta que su Mesías vive, está en el cielo, que regresará no como un Mesías político, y que “el reino de Israel” será el del mundo, de océano a océano, y la fe de él dominará el orbe entero. Y no estoy hablando de un milenio judío y terrenal sino de la conversión de ellos. La conversión de Israel depende del estudio de sus Escrituras conjuntamente con los cuatro evangelios y comprenda que en su simiente serán benditas todas las familias de la tierra, y eso no es posible que tenga cumplimiento simplemente como un estado político y dentro de una demarcación geográfica sino por medio de la fe en su Mesías.