sábado, 18 de mayo de 2013

La petición de Efraín y Manasés aplicada a la iglesia cristiana


Josué 17:14
14 Y los hijos de José hablaron a Josué, diciendo: ¿Por qué nos has dado por heredad una sola suerte y una sola parte, siendo nosotros un pueblo tan grande, y que Jehová nos ha bendecido hasta ahora? Y Josué les respondió: Si sois pueblo tan grande, subid al bosque, y haceos desmontes allí en la tierra de los ferezeos y de los refaítas, ya que el monte de Efraín es estrecho para vosotros.16 Y los hijos de José dijeron: No nos bastará a nosotros este monte; y todos los cananeos que habitan la tierra de la llanura, tienen carros herrados; los que están en Bet-seán y en sus aldeas, y los que están en el valle de Jezreel. 17 Entonces Josué respondió a la casa de José, a Efraín y a Manasés, diciendo: Tú eres gran pueblo, y tienes grande poder; no tendrás una sola parte, 18 sino que aquel monte será tuyo; pues aunque es bosque, tú lo desmontarás y lo poseerás hasta sus límites más lejanos; porque tú arrojarás al cananeo, aunque tenga carros herrados, y aunque sea fuerte”.  

Estas son dos tribus que reconocen que Dios los había bendecido tanto que no cabían en un lugar. Ese es el propósito del Señor, bendecirnos hasta que no tengamos espacio disponible para juntar sus bendiciones. Las mismas bendiciones crean la necesidad de otras bendiciones, y así, de bendición en bendición, como de “triunfo en triunfo” nos lleva muy lejos (2Co.2:14).

¿Dónde estaba el problema? Que ellos no pensaban usar las bendiciones que tenían para alcanzar otras, y Josué le dijo que no, “si ustedes se glorían tanto en el número de los que son, usen esos números, no sean números sin propósito, sin tarea o significado”.
I.             ¿Qué debe hacer una iglesia que quiere ensanchar su territorio?
Mirar hacia la comunidad que tiene enfrente, no hacia otros campos ya cultivados, otras iglesias, sino hacia donde Cristo no haya sido predicado, en la cual Dios la ha puesto, no conformarse con las dimensiones que tiene y trabajar por lo que se da de gracia, lo que nos ha dado ya en promesa, sin esperar que se lo regalen (Jn.4:35).
 Las dimensiones de la iglesia deben ser toda la ciudad, todo el país y todo el mundo, hasta donde pueda extenderse y con los medios que tenga.

II.           ¿Qué no debe hacer una iglesia que desea más territorio?
Lo que no debe hacer es temerle a las armas del diablo, que la hieran con la burla, que se rían de ella, la critiquen. Jesús no temía que lo escupieran. Aunque la incredulidad, la idolatría, la frialdad, los vicios y manías anden en carros de hierro y sean fuertes, podremos avanzar hasta donde queramos y quitarle a su capitán, el diablo, el espacio que deseemos. Con Dios querer es poder.
Cuando una iglesia ora para su crecimiento Dios le responde lo mismo: “vayan y tomen posesión de cuantos hogares y familias quieran; pongan los ojos en el territorio donde quieren crecer y manos a la obra, trabajen por mis promesas, y por supuesto, no sólo tienen mi aprobación sino mi colaboración.