miércoles, 26 de noviembre de 2014

No hay nada indecente pero quieren divorciarse

Mateo 5:31-32
También fue dicho: Cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio. Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio”.

Habiéndose callado su voz el Maestro acerca de adulterio, habiéndolo enfocado como un mal de origen espiritual, pasa a tratar el mismo problema que ellos enfrentaban con el divorcio. Tengo hermanos en Cristo y amigos muy queridos que han vivido el drama del divorcio, y no he dejado de pensar en alguno de ellos mientras escribo esta exposición. ¡Y líbreme Dios de condenarlos cuando no me ha hecho a mí juez de ellos! Reconozco mi poco entendimiento e incomprensión. Me es más fácil entender lo que dice el texto en cuestión que la tragedia en sí y preferiría que él no dijera lo que es evidente que dice. Pero para terminar de disculparme con esos varones y mujeres de Dios que se han divorciado y se han re-casados, la última palabra la tienen ellos, y no yo, y el Espíritu y la conciencia que se han formado. 
En primer lugar veamos el enfoque judío del matrimonio.  Los judíos también erraban al enfocar el matrimonio como una unión civil, es decir como algo meramente social, de la misma naturaleza que un convenio comercial o un tratado recíproco de cooperación. Concebido de ese modo, sin sentido espiritual, se derivaban varios males entre los cuales la posibilidad inmediata era frecuente (la de divorcio). Se parapetaban detrás de la concesión hecha por Moisés en Deu. 24: 1-4; que fue dada por Dios más bien para proteger a la mujer que para autorizar el divorcio, reduciendo a esa sola cosa la excepción para despedir a la esposa y no por cualquier motivo.
Además, conocemos la variedad de razones para divorciarse que ellos tenían. El espíritu divino de este mandamiento no es para obligar a la mujer a permanecer casada sino para protegerla y que no la dejen desamparada con sus hijos. Si el contexto histórico de la mujer cambia, por ejemplo que tenga dinero para subsistir sin el varón, el hecho del mandamiento y del divorcio sigue desagradando al Señor pero se suaviza. E indudablemente que el contexto ya no es el mismo aunque la piedad de Cristo es la misma, pero entonces no se puede ser tajante y tan severo cuando un problema de este tipo emerge. La variedad de ellos las dejo para después.
Razones aparentemente para divorciarse las tenían por millares, de modo que tomando ocasión en la propia Escritura rompían el sagrado vínculo matrimonial para dar rienda suelta a sus pasiones. Amados, si alguien quiere separarse de su compañero o compañera seguro que no le van a faltar justificaciones para hacerlo.
Dios, conociendo cuánto es la depravación humana y carnal que envuelve el matrimonio, eligió una sola razón para disolver la unión: "la cosa indecente" que ya nadie sabe exactamente de qué  se trataba, y que Moisés indica, pero que pienso que pudo haber sido algún rastro de inmoralidad previa al santo matrimonio o algún defecto orgánico que haría repugnante o imposible la consumación del acto matrimonial (el significado de la palabra es desnudez, mancha). Sólo en ese caso, inmediatamente podría darle carta de divorcio, pero los judíos de antaño, como muchos en la actualidad, no hallan nada indecente en su compañero o compañera la noche de bodas, ni durante la luna de miel, sino que a los dos años, ocho o quince, es cuando salen con el cuento de que tienen razones para divorciarse, pero la verdad ya para ese tiempo el divorcio no es justo. Ya ella ha gastado parte de toda su juventud al servicio de ese hombre, y le ha ofrecido lo más fresco de su vida, ya se siente unida a ese compañero, pero si él quiere dejarla, ¡cuántos no serán los sentimientos de desgracia que invadirán su melancólico corazón! (en la actualidad no sufren tanto como antaño y recursos se buscan para sobrevivir al naufragio).
El Señor viendo que por cualquier motivo se divorciaban y el número de divorcios crecía de modo alarmante, prácticamente lo prohíbe por cualquiera otra causa del mundo: incomprensión, mal carácter, enfermedad, edad, etc., autorizándolo sólo por una razón: la infidelidad conyugal, es decir por un pecado que conduzca directo al infierno. La razón que tenga alguien para divorciarse tiene que ser merecedora de no heredar la vida eterna. Si tu esposo no te comprende ¿por eso no heredará la vida eterna? ¿Y porque tiene mal carácter? ¿Porque está enfermo? ¿O porque se ha envejecido? Esta no son razones espiritualmente suficientes para divorciarse; quizás sí para vivir tristes, para no ser feliz en el matrimonio o para lamentar el haberse casado con esa persona pero no para divorciarse de ella.
¿Qué de otros pecados que merecen la condenación y no son el adulterio, tales como vicios de drogas, alcoholismo, idolatría, hechicería? ¿Ebriedad? ¿Violencia? ¿La hiere con su trato? ¿Gasta su dinero en juegos y otros vicios? ¿Debe dejarlo ella? ¿Está ella sometida a ese energúmeno? ¿Vivirá esa servidumbre? ¿Qué es lo mejor para los hijos (porque ellos cuentan)? Creo, por lo que dice Pablo que sigue el espíritu de protección para la mujer es que puede separarse pero lo que no puede es volverse a casar (1Co.7:10-16); y con todo, el apóstol parece decir esto como un consentimiento sin su aprobación, porque prefiere que por causa de los hijos y del estado futuro no se rompa la unión.
Dios no creó el trueque, ni el comercio, pero sí la familia, y los que van a casarse deben conocer que su unión no es cuestión de firmar papeles y cambios de apellidos sino una unión espiritual para mientras vivan. Con todo, yo no quiero ser contencioso sobre este punto, ni trato el asunto de aquellos que se han convertido a Cristo después de haber incurrido en el divorcio, que en suma, lo dejo a la conciencia y a la exégesis bíblica de cada uno.

Pero siento miedo y me pregunto, ¿qué bendición podemos, la iglesia moderna, esperar de Dios si se tolera el divorcio por cualquier razón y hasta hay pastores que se atreven con la Biblia en la mano a bendecir a un par, dos o tres veces divorciados, en el propio templo? No se trata de mirar ni el matrimonio ni la familia como células sociales, sino como una unión espiritual hecha ante Dios. Y el que busca casarse debe saber con quién lo hace, cuándo lo hace y para qué lo hace, porque una vez sometidos bajo la voluntad de Dios ya no pueden salirse de ella. Eso es todo sobre el divorcio según Jesús. Amén.

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