miércoles, 5 de noviembre de 2014

Compara a Cristo con tus pecados

Hebreos 9:9, 10
"...lo cual es un símbolo para el tiempo presente, según el cual se presentan ofrendas y sacrificios que no pueden hacer perfecto en su conciencia al que practica ese culto...".

Los judíos tenían que pasar por alto muchos escrúpulos, convencerse que eran perdonados, no llevar muy profundo el autoanálisis y vivir con un poco de remordimiento. La sangre de Cristo santifica la conciencia más exigente. Ojalá el Espíritu te ayude a creerlo. ¿No te deja la culpa servir a Dios? Tú dices, "no puedo, con lo que he hecho sería un hipócrita si canto, si leo la Biblia, si hablo de Jesús"; la culpa te postra y te paraliza, no puedes servir a Dios por causa de los recuerdos de tus caídas, prefieres estar aparte sin atreverte a iniciar de nuevo la vida cristiana. ¿Hasta cuándo te mirarás a ti mismo y no a Cristo? ¿A tu pecado? Compara a Cristo con tus pecados y piensa no en las leyes divinas que quebrantaste sino en la misericordia que te perdona. Amén (Lee 9:14).