lunes, 24 de noviembre de 2014

Los que unen a Jesús con Moisés cuiden no encarcelen el evangelio

 Apocalipsis 15:3-4
 "Y cantaban el cántico de Moisés, siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo". 

El simbolismo que rellena el Apocalipsis no es sólo uno de los problemas que enfrenta la interpretación de ese libro sino también su judaísmo; es evidente que su autor, Juan, sea el apóstol u otro, es un profundo simpatizante del sistema mosaico, un fuerte defensor del judaísmo y halla sin dificultad armonía entre la ley y el evangelio. Juan conoce bien la profecía antiguo testamentaria y la ley escrita por Moisés, y sus profecías a veces como en este caso, parecen una repetición escatológica de un evento histórico, las plagas enviadas por Dios sobre Egipto en tiempos de Moisés. Juan mira hacia el cielo y ve el tabernáculo del testimonio (v. 5); el templo se llena de humo como cuando Salomón lo edificó (v. 8), y nadie podía entrar en él para oficiar.

El cristianismo es sinónimo de una palabra eficaz, gracia, y al escribirla hay que recordar siempre a Pablo el apóstol; los otros autores del NT tienen que ser interpretados por las enseñanzas paulinas del NT porque son las que revelan el verdadero pensamiento de nuestro Señor Jesucristo.
Nota en el texto cómo Moisés y el Cordero, Cristo, aparecen cantando sino el mismo cántico dos perfectamente armónicos, sin disonancia alguna entre ambos, perfectamente acoplados; eso equivale a decir que el judaísmo es perfectamente compatible en sus letras y espíritu con el evangelio y que ambos se hallan a la misma altura en la revelación. Apocalipsis por su fuerte judaísmo y su inminente escatología se sitúa en una época bien temprana, en el siglo de los apóstoles o muy cerca cuando las persecuciones amenazan con destruir la iglesia y reflejan por muchos sitios el dolor y la esperanza de ella, y dice que el bien al fin triunfará cuando el Señor venga y los impíos sean justamente castigados con las plagas que ahí se mencionan. Eso convierte al libro en un documento muy útil principalmente para la iglesia en aquel entonces porque habla de los eventos que ella debía  esperar que se cumplieran “pronto”; y así fue, no excediendo en mucho a las predicciones hechas por el Señor en Mt 24. Este libro tiene menos escatología que historia, y su mejor uso se obtiene cuando se sitúa dentro y no afuera de los restantes documentos del NT, leyéndolo con la luz que arrojan aquellos y explicándolo con las doctrinas sencillamente enseñadas en los evangelios y las epístolas apostólicas.

Jacobo y Pedro, en los primeros tiempos del ministerio a la circuncisión al cual se dedicaron se hubieran regocijado mucho al leer estas palabras; pero Pablo desconfiaría de la letra de la visión si no hubiera alguna explicación que no comprometiera la salvación por gracia.
Los que unen a Moisés con Jesús tienen que tener cuidado no sacrifiquen la gracia de Dios y atrapen al cristianismo dentro de una estructura histórica y proféticamente judía. Moisés representa la maldición sobre los impíos. Este cántico es mayormente de juicio y predomina el espíritu de Moisés sobre el espíritu del Cordero siendo fuertemente profético en el sentido vetero testamentario. La primera parte del cántico la podrían cantar ambos, Moisés y Jesús, pero la segunda sería un solo, cantado por Moisés, porque respira la antigua teología de los campos de Israel.  Jesús cantaría un cántico de gracia y de salvación, no de juicio, llamándonos a ser salvos. Oh Dios, yo soy más tuyo y de tu Hijo que de otro autor bíblico. Aquí está muy mezclada la ley con el evangelio, a no ser que se cante allá en aquellos tiempos cuando ya la gracia sea retirada del mundo y el Hijo de Dios venga para juzgar con juicio a los vivos y los muertos, tiempo que no habrá esperanza ni perdón y menos un flujo de emigrantes espirituales hacia Israel.