sábado, 22 de noviembre de 2014

No es que Dios sabía que habías de aceptar a Cristo

Apocalipsis 13. 8
"Y la adorarán todos los que moran en la tierra, cuyos nombres no han sido escritos desde la fundación del mundo, en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado". 

Esto es un principio básico de todos los apóstoles, que no se enfatiza aquí y se dice como de paso, para explicar apostasías y pecados, blasfemias e insultos, que sus nombres no están escritos desde la fundación del mundo, y por eso actúan de esa manera impía. Es decir menciona la predestinación, que es ese principio básico al cual me referí. Todos los apóstoles, sin excepciones, creyeron en ella, porque eran judíos y el pueblo de Israel la ejemplifica como nada, su selección por gracia de entre los pueblos del mundo. El apóstol Pablo que escribió la mayor parte del Nuevo Testamento lleva la delantera, Pedro utiliza la palabra presciencia (1Pe.1:2; 2:8). Si no se usa propiamente la palabra predestinación se utilizan sus amigas elección, elegidos, escogidos, y si no se mencionan ellas explícitamente se encuentran implícitamente, como cuando dice “para que se cumpliera la Escritura” (Mt.11:25-27; Mr.15:28; Jn.13:18; Sgo.2:23).

Esa frase no tendría sentido si no hubiera un decreto invariable, un plan hecho de antemano, o como se dice con frecuencia “a los que antes conoció también los predestinó”. Es suficiente el argumento que si una doctrina se haya en los labios de Jesús ya es suficiente para que por extensión educativa la haya transmitido el Maestro a sus discípulos y aparezca con frecuencia en sus escritos. Como dice Apocalipsis hay nombres que están escritos para salvación en el libro de la vida y hay otros que no aparecen allí. Los que están escritos no serán borrados jamás porque quien único podría hacerlo afirmó que no lo haría (Apoc.3:5), y es por eso que el que está en la gracia siempre en la gracia, y si un colega se pierde es porque es hijo de perdición (Jn.17:12). La perseverancia de los santos radica en la voluntad activa de Dios, y nunca adorarán a la bestia, al anticristo, al mundo, a la carne, porque no fueron entregados a la voluntad de sus pensamientos. Así me parece haber justificado la afirmación que la doctrina de la elección, predestinación, forma parte de todos los autores de la Biblia. O ¿cómo lees?” (Luc.10:26). No fue sólo que Dios sabía los que habían de aceptar a Cristo y por eso los predestinó, sino que los predestinó para que lo aceptaran. Si no es en ese orden repito la pregunta de Jesús, ¿cómo lees la Biblia? (13:9,10).