jueves, 13 de noviembre de 2014

Pregúntenle a Eva

2Pedro 2: 14

"Tienen los ojos llenos de adulterio y nunca cesan de pecar; seducen a las almas inestables; tienen un corazón ejercitado en la avaricia; son hijos de maldición". 

Tal vez sería mejor decir que tienen el corazón habituado o entrenado en la avaricia, que cuadra mejor con la palabra usada. Y en cuanto a inconstante también se refiere, en otra aproximada traducción a la persona presumida y vacilante. Así son dibujados algunos llamados cristianos del período de aquellas iglesias. Y la primera plegaria pudiera ser “no sea yo un alma inconstante, dejando una doctrina por otra, inconstante en el trabajo, en el entusiasmo; que siempre me halle en un glorioso proceso de transformación” (2 Co. 3: 18). Esos perversos dentro de la iglesia seducen a hermanos débiles y los arrastran con ellos a sus perversiones y los enseñan a pecar, los inducen al sensualismo. Vienen a la iglesia a corromperla y "un poco de levadura leuda toda la masa" (1Co.5:6; Ga.5:9). Saquen a esos perversos de entre vosotros. 

Jesús dijo que el adulterio sale del corazón (Mt.4:19), pero la puerta de entrada de su estímulo es la del ojo, por eso dijo “la lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz” (Mt. 6:22). Razón por la cual sólo es necesario pasar la mirada para que se pongan en acción las tentaciones que se anidan dentro de las glándulas caídas del sexo. Si se dominan los ojos se refrena el cuerpo, y pregúnteselo a nuestra madre Eva, cómo empezó su desgracia cuando puso sus ojos donde no había futuro y además estaba prohibido. Un árbol que era bueno no para alcanzar sabiduría sino para volverse más necio. Estos individuos en las iglesias de Pedro tenían los ojos llenos de algo que no era amor limpio del que se llenaban los de Jesús (Mr.10:21).