sábado, 24 de octubre de 2015

Sazona con ética tus sermones y cuídate el cuello

Marcos 6:14-29
(Mt. 14.1-12; Lc. 9.7-9)
14 Oyó el rey Herodes la fama de Jesús, porque su nombre se había hecho notorio; y dijo: Juan el Bautista ha resucitado de los muertos, y por eso actúan en él estos poderes. 15 Otros decían: Es Elías. Y otros decían: Es un profeta, o alguno de los profetas. 16 Al oír esto Herodes, dijo: Este es Juan, el que yo decapité, que ha resucitado de los muertos.17 Porque el mismo Herodes había enviado y prendido a Juan, y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano; pues la había tomado por mujer.18 Porque Juan decía a Herodes: No te es lícito tener la mujer de tu hermano.19 Pero Herodías le acechaba, y deseaba matarle, y no podía; 20 porque Herodes temía a Juan, sabiendo que era varón justo y santo, y le guardaba a salvo; y oyéndole, se quedaba muy perplejo, pero le escuchaba de buena gana.21 Pero venido un día oportuno, en que Herodes, en la fiesta de su cumpleaños, daba una cena a sus príncipes y tribunos y a los principales de Galilea, 22 entrando la hija de Herodías, danzó, y agradó a Herodes y a los que estaban con él a la mesa; y el rey dijo a la muchacha: Pídeme lo que quieras, y yo te lo daré.23 Y le juró: Todo lo que me pidas te daré, hasta la mitad de mi reino.24 Saliendo ella, dijo a su madre: ¿Qué pediré? Y ella le dijo: La cabeza de Juan el Bautista.25 Entonces ella entró prontamente al rey, y pidió diciendo: Quiero que ahora mismo me des en un plato la cabeza de Juan el Bautista.26 Y el rey se entristeció mucho; pero a causa del juramento, y de los que estaban con él a la mesa, no quiso desecharla.27 Y en seguida el rey, enviando a uno de la guardia, mandó que fuese traída la cabeza de Juan. 28 El guarda fue, le decapitó en la cárcel, y trajo su cabeza en un plato y la dio a la muchacha, y la muchacha la dio a su madre. 29 Cuando oyeron esto sus discípulos, vinieron y tomaron su cuerpo, y lo pusieron en un sepulcro”.

DE ACTUALIDAD
Espanta este cuadro, que un hombre de la estatura de Juan el Bautista fuera maltratado y muriera de forma tan horrible; y la mansedumbre cristiana de sus discípulos que recogen el resto de su cadáver y se lo llevan sin planear alguna venganza. El único delito que parece haber cometido este proclamador de Jesús fue una exhortación que le hizo al rey para que se enmendara moralmente. Y la mujer que formaba pareja ilícita con él se encolerizó y usó su influencia para que fuera arrojado en la cárcel, y posteriormente movida por un odio perenne intercedió por su decapitación.   
Lo pusieron tras las rejas debido al contenido ético de sus sermones, porque le decía al rey Herodes que estaba viviendo en pecado al haber tomado como mujer suya la de su hermano (v. 18). Juan no era de esta clase moderna de predicadores que mezclan el evangelio con la psicología y cuyo propósito en sus sermones consiste casi únicamente en alentar a la gente, enseñarles a cómo vivir feliz o cómo comportarse prudentemente en la familia, pero muy poco dicen, si uno escarba en sus predicaciones publicadas, acerca de la moral, en especial la moral en el matrimonio, la moral sexual. Sí hablan de sexo, pero como una consumación completa del acto sin mencionar cualquier regla o ley de conciencia evangélica que lo purifique. Parecen decirle a la gente que cualquier cosa entre las parejas es lícita si tiene la aprobación de ambos, sin mencionar la ley divina y los ojos de Dios contemplando los excesos y falta de escrúpulos de ambos en la cama.
En aquel entonces también como ahora esta clase de predicación del evangelio completo, con ese ingrediente moral resulta incómoda y no es popular, y hasta peligrosa porque cuenta con la mala voluntad y resistencia de la generalidad para cambiar costumbres pecaminosas por un matrimonio santo. Tal vez otros aspectos éticos que tienen que ver con el negocio, el uso del dinero, el decir la verdad y ser honestos, pudieran ser aceptables para un público que vive en rebeldía contra Dios, pero lo que es más difícil es que acoja con brazos abiertos predicaciones que interfieran en ciertos gustos carnales.
Es completamente cierto que si no se amputa de su ética sexual al evangelio, más tarde o temprano él proclamador cae en desgracia. Son los predicadores como Juan el Bautista los que transforman la sociedad, y no tienen miedo exponer el cuello por predicar sermones osados. Si nuestro Señor, en otro sentido dijo que la situación social que hallaría en su segunda venida sería parecida a la de la ciudad de Sodoma, es muy justo también pensar que en el panorama mundial la ética sexual irá desapareciendo de los púlpitos poco a poco. Además de la sodomía yendo sin oposición campante por todos lados, la destitución de la pureza en el honor del título de novios, por una definición fornicaria llamada de parejas.

La predicación ética del evangelio de Juan se convirtió en la perdición de su vida porque la dirigió a los gobernantes, particularmente al rey. Herodes en particular no recibía tan mal la predicación ética y directa de Juan el Bautista puesto que se dice que le escuchaba "de buena gana" (v.20). Es cierto que los sermones de Juan lo dejaban "muy perplejo". Algunos manuscritos traducen esas palabras como que "hizo muchas cosas" indicando con ello lo turbado que se quedaba, yendo de un lugar a otro en un estado de intranquilidad o desespero. Eso es lo que indica la palabra perplejidad. Se quedaba confundido.
Por supuesto que Juan era un hombre que él temía por su valor y su santidad profética, sin pelos en la lengua, y el principal problema para que los sermones de Juan fueran efectivos no radicaba especialmente en Herodes quien lo acogía en su palacio sin peligro alguno, y hasta le dejaba vocearle los sermones en la calle sin ordenarle a la guardia que lo detuvieran. Al menos por un tiempo. La oposición mayor que tenían los sermones de Juan el Bautista no era el rey sino los que le rodeaban que lo obligaban a tomar decisiones que no quería (v.26), y borraban de su corazón los buenos efectos que la predicación producía. En específico Herodías y su hija Salomé.
Quizás no exactamente los sermones éticos molesten tanto al presidente como a sus consejeros, no tanto al gobernador como a los que le acompañan. Juan no era un predicador que se metía en política, nada de armar revueltas con sus opiniones ni criticar la forma de gobierno del rey Herodes. Era un profeta cuyos sermones éticos tenían como propósito establecer el reino de Dios en esa porción local del imperio romano, dentro de esa forma de gobierno monárquico.
Los políticos debieran ser influidos en ese sentido, antes que hagan cambios en sus políticas, que los hagan en su comportamiento moral, porque el pecado (gran parte de las veces) tiene más relación con la conducta ética que con una clase de gobierno; y si las iglesias y sus predicadores anhelan con justicia reformas sociales debieran comenzar primero dándole la prioridad por supuesto al aspecto de la vida de los tiranos que tiene que ver con el perdón de sus pecados y la salvación.
Es una desgracia, o más bien una desventaja social, vivir en un país donde uno no tenga libertad para expresar opiniones éticas sobre la conducta de sus gobernantes, donde los predicadores son amordazados y no tienen derecho a criticar ningún aspecto moral de los que están en el poder. Desde esta clase de gobierno que amenazaba la predicación ética en el tiempo de Juan el Bautista hasta los logros democráticos occidentales logrados por la predicación judeo-cristiana, hay mucha diferencia gracias a Dios, que indica que el afán de los líderes de la iglesia y de ella misma por la libertad religiosa ha dado buenos resultados y han creado sociedades superiores a aquellas que tenían regímenes totalitarios, donde se tornaron inmorales antes de derrumbarse, y donde el principal podía dirigir su nación en cualquier sentido, según sus caprichos y no por leyes y constituciones que les limitaran el poder.

El evangelio siempre está en peligro a no ser que desee congraciarse con los gobernantes, cuando éstos son déspotas y tiranos que no reconocen ninguna otra autoridad que no sea el terror que causan en sus ciudadanos, y poco a poco si pueden, contando con la ingenuidad de la población, la van embelesando para que no se den cuenta que le están tapando la boca. Es una rara bendición de Dios vivir dentro de un gobierno democrático con políticos éticamente influidos por el evangelio, o sea, que no se les pueden acusar con justicia de corrupción, y donde la iglesia ha tenido mucho que ver en la higiene moral de los que están en eminencia.