miércoles, 7 de octubre de 2015

Por una sola migaja lo vendo todo

Marcos 7:28
"Es cierto, Señor; pero aun los perrillos debajo de la mesa comen las migajas de los hijos". 
PERRILLOS BAJO LA MESA
Si el Señor pusiera su evangelio debajo de una mesa, ¿tú irías por él a recogerlo? ¿Te meterías debajo de ella para buscarlo? Si amaras la verdad te humillarías así; aunque en realidad no sentirías que te has humillado, porque la fe siempre se regocija en el Señor, en lo más bajo y en lo más alto; donde uno halle al Señor es toda una felicidad y todo un paraíso. Pienso que  Diógenes no era más feliz dentro de su tonel que yo debajo de una mesa; él estaba contento allí pensando en su cínica filosofía, pero yo en la compañía del Espíritu.

Oh Señor, por una sola migaja vendo todo lo que tengo, por la bendición que tengas preparada para mi alma yo iría a donde tú la pusieras. Alma, ¿podrías edificarte con migajas, salvarte con migajas? Si lo que recojo allí lo tiene el Espíritu en sus preciosísimas manos, ¡oh qué bendición! ¡Cómo me enriquecería! No hay hombre más feliz en la tierra que aquel que ha hallado una migaja del evangelio, una pequeña dracma, cualquier cosa que sea de Jesús por diminuta que sea; una sola frase, una palabra, una mirada, una sonrisa de aprobación, una línea, un poquito aquí, otro poquito allá, palabra sobre palabra, mandamiento tras mandamiento. No son las grandes cantidades las que necesitamos, lo poco de Dios es suficiente para salvar completa mi alma. ¡Oh Señor, si cada mañana yo hallara alguna migaja de tu gran cena, algún sobrante, cómo te bendeciría mi alma por ella! (Corroborar esto con Isa.28:10; Mt.13:44,45).