miércoles, 7 de octubre de 2015

Es mejor ser un buen laico que un mal pastor

Marcos 5:18,19
“Al entrar El en la barca, el que había estado endemoniado le rogaba que lo dejara acompañarle. Pero Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho por ti, y cómo tuvo misericordia de ti”.

GRADUACION
Una gran conversión. Muchos pecados perdonados no implican un llamamiento al ministerio. Algunos piensan enseguida que Jesús los llama a ser pastores, misioneros, maestros, etc., y hacen de su conversión su vocación. Le dio la misión de predicar no a una iglesia sino a la familia. Convertir a su padre, a su madre, sus hermanos y tíos, a sus primos y a los vecinos. Hablarles a todos de Cristo y unirlos a la comunidad cristiana, que es la iglesia. Los grandes testimonios de conversión no sólo son recomendables para el púlpito sino para la vida doméstica. La familia es la primera que debe certificar nuestra conversión. El llamamiento al ministerio es otro distinto del de salvación. Hoy gradúan a muchos estudiantes de teología y otras materias, en seminarios que no exigen llamamiento celestial, que salen a buscar una iglesia donde pastorear sin que Dios los haya llamado a eso. Es mejor ser un buen laico que un mal pastor.