jueves, 15 de octubre de 2015

Atracciones y repulsiones

Mateo 4:1-11
(Mr.1:12-13; Luc.4:1-13)
“Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo.  Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo,  y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, en sus manos te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en piedra. Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios. Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían”.

Las tres pruebas contra Jesús, el diablo propuso atraerlo de tres maneras. Le atacó el carácter, su religión y su cuerpo. Ojo, que Jesús es quien único puede caminar con el diablo y no pecar. Pero lo hizo porque esos son caminos nuestros para que sepamos como rechazarlo. Esto nos permite hablar de atracciones y repulsiones. En primer lugar, (1) el diablo y Jesús son enemigos irreconciliables. Y con el cristiano pasa lo mismo, su lucha principal es contra principados y potestades, contra los gobernadores de la oscuridad, de lo tenebroso, de las sombras y lo que él tiene, y oculta lo espantoso, lo destructivo, “vestirse como ángel de luz” o sea, venir bonito (2 Co.11:14)  
(2) Al diablo se le responde con Biblia (vv.3,4). La respuesta del Señor está tomada de Deu.8:3, donde se ve que lo más importante no es lo que entra en nuestra boca, ni siquiera lo que sale de ella sino lo que “sale por la boca de Dios”, la lectura de ella, su aprendizaje y los sermones. Por encima de las necesidades básicas. La comparación con el maná es apropiada. No es que aprendamos a vivir sin comer sino apreciar la palabra de Dios por sobre todo lo otro. Recuerden que el maná no era carne, era un alimento extraño que se derretía con el sol sin embargo se podía moler y hasta cocerlo como la harina y por alguna razón podría llenarse de gusanos. No para enseñarles a vivir del aire sin trabajar sino a depender de Dios completamente. Más importante que la comida, dijo Jesús posteriormente, es hacer la voluntad de Dios (Jn.4: 31-34).
(3) La próxima tentación nos enseña a no dar con el diablo ni un solo paso, no ir donde no se interprete correctamente la palabra de Dios (vv.6,7). No porque en un lugar abran la Biblia o la citen mucho debemos pensar que es adecuado. El diablo conoce la Biblia. Quiso ensenársela a Jesús, pero Jesús sabía más que él y una regla para interpretarla correctamente es no aislar sus textos, hacer doctrina con uno solo sino con toda ella. Las palabras que el diablo cita están tomadas del Sal.91:11,12, incorrectamente aplicadas. Un buen sermón no es el que tiene más gritos y no enseña nada ni el que cita más Biblia por gusto sin que haya interpretación. Y tampoco dar un paso a esos lugares donde no se usa el sentido común. Lo que le proponía era fanatismo sin sentido común. Que se arrojara desde lo alto ya que los ángeles cuya principal misión es custodiarnos del pecado.

El texto lo que enseña es a ser cuidados  en nuestros tropezones, cuando uno pone el pie donde no debe y da un paso equivocado. Son los errores porque no se consultó a Dios. Es para sacarnos de aprieto en equivocaciones.  Aprendamos a vivir naturalmente no por medio de milagros ni hacerles caso a los muchos milagreros que se los venden a los pobres, los enfermos y los ingenuos. La respuesta que Jesús le da se halla en Deu.6:16 que se corresponde con Ex.17:7. Jesús consideraba que para demostrar confianza en el cuidado protector de Dios no tenía que saltar al espacio, no había necesidad de deducir de ese acto su legitimidad divina porque creía completamente en la palabra revelada; y Dios lo cuidaba. La prueba que el diablo le ponía no era un acto de fe sino de fanático y un equivocado y trascendente error. 
Ahora viene quizás la tentación más peligrosa que no tiene que ver con la Biblia ni con la iglesia sino afuera de ella, 
(4) encandilarnos con el mundo (vv.8-11), fascinarnos con su brillo, amar y adorar el mundo, caer de rodillas ante un cuerpo y una cara bonita, ante un fajo de billetes, prendas y joyas y placeres, ante la moda y el resplandor del aplauso social, el nombre, la fama.  Todo a cambio de hacerlo un anticristo, anti Dios, anti iglesia, anti Biblia, anti fe. Caer postrados ante esas cosas es estar de rodillas ante el diablo. Las da con el propósito de empujar a Dios afuera, sustituirlo que si se queda dentro esté en una posición inferior. Jesús le dijo al diablo o más bien nos dijo a nosotros que digamos que no ya que  gloria del mundo es engañosa, no pasa de la tumba, los aplausos de la sociedad no se oyen en el otro mundo, la gloria social no da felicidad, la carne y el diablo no hacen felices a nadie. Es un truco, la felicidad está en el alma y ella es hecha para Dios. No tengas miedo a que el diablo te rechace por tus principios y tus valores. Alégrate si el rechazo social es por esos motivos. En vez de sentir atracción lo mejor es sentir repulsión y decirle al diablo con la mano, no ven sino vete. No se debe borrar la diferencia entre el mundo y la iglesia.