viernes, 16 de octubre de 2015

Por qué nuestras oraciones muchas veces son negadas

Mateo 7:7-11
“Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?”.
SI DOS SE PUSIEREN DE ACUERDO PARA ORAR

Pedir pide cualquiera, pero ¿lo mejor? Repasando mentalmente la vida por tres años de los discípulos con Jesús, hay pocas ocasiones en que ellos pidieran alguna cosa, y no lo mejor: Pedro, es posible, pidió que el Señor le sanase su suegra y lo hizo, Pedro también pidió que no padeciera muerte en la cruz y el Señor le respondió llamándolo Satanás. Pidió que se hicieran tres enramadas en la transfiguración y se le dijo que no, pidió caminar sobre las aguas y terminó hundiéndose. Jacobo y Juan querían que descendiera fuego del cielo sobre una aldea de samaritanos y el Señor le contestó que eran ignorantes del Espíritu a que pertenecían, también pidieron sentarse en su reino uno a la derecha y otro a la izquierda, y esto también les fue negado a ellos y a la madre de los dos.
En cuanto a Felipe le pidió que el Señor le mostrara al Padre y eso le bastaría (Jn.14:8, no sé para qué), sin embargo tenía en Jesús al mismo Padre delante. Tomás pidió ver a Cristo resucitado para creer y eso le fue concedido pero con una medida de reproche por su incredulidad. Podemos decir con Pablo que los discípulos pedían, exceptuando cuando pidieron fe, pero pedían mal porque no sabían pedir lo más conveniente (Ro. 8: 26, 27). Todas esas peticiones ocurrieron después que el Señor les había dicho que pidieran, que llamaran y tocaran a la puerta de Dios; entonces no vale sólo con pedir sino pedir como conviene, según la voluntad de Dios.

Orar con inteligencia espiritual. La experiencia nos enseña que es difícil orar y orar bien. Se puede 
orar en secreto y hacerlo sin hipocresías y la falta hallarse en otra parte, en la ignorancia de lo que se está pidiendo. ¿Convenía que no le pasara nada al Señor como Pedro quería? ¿Eran necesarias las tres utópicas enramadas que Pedro quería fabricar sobre el monte? ¿Qué beneficio de gracia sacó de sus pasos sobre el agua? ¿Era justo que Jacobo y Juan quemaran vivos con fuego del cielo a los habitantes de aquella aldea? No se podría dudar de la fe de estos hermanos, ni del fervor y sinceridad con que pidieron pero ninguno recibió lo que pidió, por ignorancia espiritual. Esta verdad nos ayuda a comprender por qué nuestras oraciones muchas veces son negadas aunque habríamos esperado un sí por parte de Dios, pero él se dio cuenta que lo que le pedíamos era insensato, innecesario, equivocado, o caprichosamente carnal.
Este pensamiento nos enseña que nuestras oraciones como necesidad tienen que ser reguladas por la sabiduría divina y que aún el v. 8, no debe ir más allá de esa medida, pero el Señor quiere insuflarles la seguridad que habrá respuesta a esas gestiones espirituales, si con paciencia la esperaran. Y cuando uno empieza a pedir tiene que estar dispuesto a aceptar lo que el Señor envíe conforme a su voluntad y eso será una buena dádiva de lo alto. 

Expectativas en la oración. Pienso, hermanos, que estas palabras aunque Lucas las coloca seguidas de la oración modelo, fueron dichas para instarlos a orar y  para corregirles las expectativas de oración, sobre todo eso. Ya los discípulos sabían orar pero tenían que estar seguros que cualquiera cosa que viniera del Señor sería buena. Por ejemplo. Si él hubiese querido enseñarles que Dios les da siempre lo que piden, hubiera dicho: "¿Qué padre hay que si su hijo le pide pan porque tiene hambre se hará el sordo a sus súplicas?". Y además se supone que les dice eso para que oren y sigan haciéndolo,  "pedid, buscad, llamad". Entonces tienes que ser advertido que las respuestas a tus oraciones no serán injustas, desamoradas, dañinas o aparentemente contrarias a lo que has pedido. Puedes pedir salud y recibir enfermedad, pedir la vida y mandarte la muerte, pedir trabajo y proseguir en desempleo, pedir misericordia y enviar justicia, pero todas esas cosas son respuestas sabias y además "buenas dádivas". Nunca debemos estar inconformes con la calidad de la respuesta, con su tamaño, porque eso fue un pecado muy grave en el Israel de Dios, el hablar mal del maná que Dios les había enviado (Num. 11:4-10). Todas las respuestas del Señor son paternales, nunca lo acuses de "despropósito" (Job 1: 20-22), porque tiene un plan seguro, definido y eterno con sus hijos. Dios nos de gracia para la aceptación sin que murmuremos inconformes por la calidad o forma de lo que hemos recibido. Pide, y lo de más valor que puedes pedir y te pueden dar es el Espíritu Santo, como dice Lucas 11:13. Amén.