martes, 21 de julio de 2015

Rotos y arreglados en las manos de Dios

Jeremías 18:1-6
"Palabra de Jehová que vino a Jeremías, diciendo: Levántate y vete a casa del alfarero, y allí te haré oír mis palabras. Y descendí a casa del alfarero, y he aquí que él trabajaba sobre la rueda. Y la vasija de barro que él hacía se echó a perder en su mano; y volvió y la hizo otra vasija, según le pareció mejor hacerla. Entonces vino a mí palabra de Jehová, diciendo: ¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel? dice Jehová. He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel".

Esto no es una visión que le da al profeta sino una ilustración de esperanza para su pueblo, roto y “echado a perder” por la deportación y el castigo sobre el pecado. No sé cómo cada uno ha terminado el año. Quizás no sano. Roto. Lo magnífico que esta ilustración provee es que tiene una aplicación individual. Dios le dice: “lo que hace el alfarero lo puedo hacer yo también y lo que le ocurrió a él con su vasija me ha ocurrido a mí con mi pueblo, se me ha echado a perder en mis manos”. ¿En sus manos? Sí. ¿Cómo puede ser eso? Porque estando en Cristo cometemos locuras que agrietan nuestro testimonio y nos vuelven inservibles. Sin embargo note la capacidad del alfarero. No tira la masa sino que vuelve hacer de ella lo que quería en un principio y continúa lo que se descontinuó; prosigue su obra a pesar de lo que ocurrió, y un tiempo después la misma masa se convierte en otra vasija sin rastros de aquellas desgraciadas fisuras. Ni cicatrices quedan, he aquí todo es hecho nuevo, y si pudiera la nueva vasija mirar hacia el pasado sabría que ahora es distinta, gracias al Señor que no la desechó en su quebrantamiento. Sin embargo la nueva vasija al fin es lo que el Señor le parece porque dice “según le pareció” como habiendo vencido toda resistencia anterior de la masa a dejarse moldear; y por fin el Señor logra lo que tenía en su mente y la nueva figura que deseaba de allí conseguir. Y como dice lo que le pareció mejor hacerla. El nuevo producto después de la calamidad sufrida es superior al anterior y después de todo puede dar gracias por lo que le ocurrió y por los benditos cambios que para bien ha experimentado en la rutina de la rueda y girar de la vida.