jueves, 9 de julio de 2015

No cambies salud por dinero

Isaías 38.9-15
“Escritura de Ezequías rey de Judá,  de cuando enfermó y sanó de su enfermedad: Yo dije: A la mitad de mis días iré a las puertas del Seol;  privado soy del resto de mis años. Andaré humildemente todos mis años,  a causa de aquella amargura de mi alma”.

Dos cosas aprendió el rey: sosiego y no olvidar su experiencia. Hay diversas traducciones que recogen el significado del modo de vida de Ezequías después de su enfermedad. Unos traducen no humildemente como si antes fuera ostentoso y arrogante, sino que vivió suavemente o tranquilamente, indicando que cambió el paso, dejó la precipitación, el corre- corre; decidió deponer responsabilidades y en vez de vivir siempre ocupado, vivió tranquilo, no queriendo ir de un extremo de la vida a otro siendo exitoso y productivo sino simplemente viviendo, reposado en Dios y  disfrutando sus días. Comenzó a mirar el mundo  y lo más amplio que pudo: el sol, las flores, los colores, los ojos de los pájaros y sus plumas, sus cánticos y aspirar el perfume de la bella naturaleza. Cosas en las cuales antes no reparaba. Ezequías se despojó de afanes y vivió en reposo contando su tiempo como días de gracia, dados por Dios, con gratitud y alabanza, como si fueran los últimos, y los eran.  

Aprende la lección del sosiego, alma mía, de todas maneras has de llegar hasta donde has de llegar. Cada día que tienes es precioso, cada noche es tuya, te la da Dios. “Bástale a cada día su afán” es un saludable y sabio consejo. Si no haces eso te enfermarás con ansiedad y cuando tu cuerpo se debilite por la edad tendrás la señal en tus temblorosas manos y en tus noches de insomnio. Haz el trabajo que puedas no más del que puedas. Rompe ese viejo patrón de consunción de salud. Haz menos de lo que puedes hacer. Corta, si puedes, tus horas de trabajo, si puedes vivir con menos dinero. No cambies salud por dinero. Trabaja sosegadamente, en completa paz como pidió el profeta (Isa. 26: 3). Cambia tu paso por la vida. No esperes sobrevivir a un cáncer o al infarto del miocardio para hacerlo.