sábado, 24 de noviembre de 2012

Pedro y Santiago hablan un lenguaje "reformado"


1 Pedro 1:1-2
1  Pedro, apóstol de Jesucristo, a los expatriados de la dispersión en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas”.

Primero, nota  que Pedro se dirige a los emigrantes (expatriados, emigrantes, en gr. parepidémois) que han tenido, por una razón u otra que dejar sus países (1:1). No caben dudas, como se ve en otras muchas partes (Hch.8:4 “pero los que eran esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio”). Dios siempre tiene algún propósito para provocar exilios y emigraciones pero nunca  los abandona.

En segundo lugar se ve como el Señor les envía literatura cristiana, la de mejor calidad, especialmente la Sagrada Escritura, como esta epístola. La dispersión y distribución de literatura espiritual ocupa un lugar importante en los planes de Dios para cuidar a su pueblo esparcido por todo el mundo. Su palabra llega así, como mensajes impresos donde no existen iglesias formadas y menos pastores que las atiendan.

El apóstol llama a aquellos exilados, elegidos. El mundo los ha llamado cristianos, nazarenos, herejes, pero el Espíritu los ha llamado elegidos y santos (Efe.1:1).  Esta es una doctrina  gloriosa que debemos entender para disfrutarla. Somos salvados por elección divina, porque Dios en su misericordia decretó nuestra fe antes de crear el mundo, “según nos escogió en él antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos” (Efe.1:4-6). De modo que si nuestra salvación es antes de la fundación del mundo, es más segura que toda la creación. El decreto de elección es antes de la de Creación.


El texto escrito dice, “elegidos según la presciencia de Dios”. Presciencia es “prognosin” que significa tener un “pre-conocimiento” de algo. Dios nos conoció de antemano. No nuestras futuras buenas obras para por ellas elegirnos, no, nos conoció a nosotros. La obediencia es el resultado de la elección no su causa, bien dice el texto para obedecer no porque obedecemos. En nuestro texto el apóstol señala dos características que distinguen a los elegidos, la santificación y la obediencia,para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo”.

Cualquiera persona que diga que cree en la elección eterna pero vive impíamente está ciego por el demonio que le hace creer que es salvo estando perdido. Los elegidos a la vida eterna desean ser santos y anhelan día por día conformarse a la imagen del Hijo de Dios en quien saben, que han sido predestinados y elegidos. Sufren ellos no porque no puedan satisfacer sus deseos carnales sino porque no pueden sacar el pecado definitivamente de sus corazones.

El amor es el primer fruto del Espíritu que se menciona que brota en el corazón cristiano, luego la bondad, la mansedumbre, etc. Ese es el fruto  de la vida cristiana pero la raíz misma es la santidad, “porque si las primicias son santas también lo es la masa restante y si la raíz es santa también lo son las ramas” (Ro.11:16)

Hay incrédulos que aman a sus prójimos, no aman a Dios pero sí a sus vecinos. Hallamos generosidad en almas muy corrompidas por el pecado. La señal distintiva de un elegido es su santidad. Si no vive en santificación no ha sido escogido. La misma palabra, elegidos significa una separación del pecado por lo cual dice Jesús, “si fuerais del mundo el mundo amaría lo suyo, pero porque no sois del mundo, antes que yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece” (Jn.15:19). Nuestro Señor lo enseñó, que el elegido en él se aparta del mundo.

Pero además de ser elegidos en santificación del Espíritu Pedro menciona el propósito práctico, para obedecer. ¿Obedecer qué? Las leyes de Dios. El escogido siempre es respetuoso de las leyes del reino. Somos salvos por la gracia, justificado por la fe y no por las obras, no somos elegidos por nuestras obras porque la elección se produjo antes que el mundo fuera y según el propósito del Señor, pero la elección mira hacia la obediencia. Si no vemos obediencia para santificación la elección no existe. No es la obediencia de asistir el domingo a la iglesia, de leer la Biblia, de dar el diezmo, es la obediencia que nos separa del pecado.

Lo que dice sobre el rociamiento por la sangre de Cristo muestra la coordinación que hay entre la elección de Dios, Cristo y su obra en la cruz. Sabemos que no hay elección fuera de Cristo, tampoco hay santificación y obediencia sin él. El término mismo lo que señala es nuestro perdón, la remisión de nuestros pecados. Dios los elige en Cristo y luego los lleva hacia la cruz para concedérselo todo allí, con gracia y paz. Cuando alguien se refiere a la predestinación y elección en la Biblia, inmediatamente menciona al apóstol Pablo, sin embargo otros apóstoles como Pedro y Santiago (Sgo. 2:5), si bien sus énfasis tienen otros tonos, en esencia son predestinistas. Y no se asuste con esta expresión, Pedro y Santiago (aunque sube su tono en las obras) escriben y hablan, mucho o muy poco, con lenguaje que conocemos como reformado.