martes, 20 de noviembre de 2012

No te asombres del retroceso del cristianismo


Lucas 4: 28-30.
“Y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad para despeñarle. Pero El, pasando por en medio de ellos, se fue”. 

Nazaret está situada entre montañas. No fueron los hechos humanitarios de Jesús los que irritaron a sus conciudadanos sino sus palabras, al punto que quisieron arrojarlo a un precipicio; y Jesús se dejó empujar por ellos hasta el punto mismo del homicidio, y cuando estuvieron a punto de consumar su barbarie, decidió desaparecer de la vista de ellos, perderlos, y pasando por enfrente de todos sin ser reconocido le volvió la espalda y tranquilamente se marchó.

Es una forma extraña de Jesús de permitir el mal contra sí mismo, dejando a los hombres expulsar todo el pecado contra él que tienen dentro; pero sin dejarse dañar personalmente si no quiere. Jesús retrocede cuando quiere, se deja vencer hasta donde le es permitido, deja que hagan guerra contra los santos y vencerlos (Apc. 13: 7), pero después se recupera. No te asombres del retroceso que hoy parece tener el cristianismo, los incrédulos de Nazaret quieren despeñarlo en el hueco del olvido, pero eso no sucederá, y cuando parezcan haber triunfado sobre nosotros, enfrente de sus mismas narices el Señor volverá la situación sobre sus pasos, y sus dos testigos, Moisés, Elías, esto es: la Ley y los Profetas, y sus doce apóstoles, tomarán vida y los que expusieron sus cadáveres en la plaza pública, digamos la prensa, la radio, el cine, la televisión,  no podrán explicar el milagro de su resurrección (Apc. 11: 7-12). 

El cristianismo tiene raíces muy profundas que nadie puede sacarlas, quiero decir del cerebro humano, a no ser que con el intento se le rompa el cráneo al hombre y se eche afuera su íntima semejanza con Dios. Si hubiera con qué reemplazarlo, satisfactoriamente, pero no lo hay.