martes, 13 de noviembre de 2012

Las matemáticas y la teología


Proverbios 4:3-7
Porque yo también fui hijo de mi padre, delicado y único delante de mi madre.  Y él me enseñaba, y me decía: Retenga tu corazón mis razones, guarda mis mandamientos, y vivirás. Adquiere sabiduría, adquiere inteligencia; no te olvides ni te apartes de las razones de mi boca; no la dejes, y ella te guardará; ámala, y te conservará. Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría; y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia".  


Por este testimonio de Salomón y su madre, nadie debe dudar que David se preocupaba de la instrucción religiosa de sus hijos, aunque si ves bien es una exhortación al progreso intelectual; o así lo entendía su hijo. ¿Es eso sólo lo que Salomón recuerda, una parte del todo y no lo espiritual? ¿Es que no leyó las composiciones religiosas de su padre, es decir el salterio? Si lo hubiera estudiado habría sido influido más por el alma misma de David. A veces los libros de grandes autores no son leídos por sus hijos y a eso se debe la lamentable diferencia entre él y ellos. Ese aspecto intelectual es casi desconocido de David, que comúnmente se le tiene como un músico, místico, poeta, pero no como un pensador profundo fuera del alma humana. Y lo era, un gran analista del ser humano. Es una lástima que Salomón no logró ese combinado balance entre inteligencia y espíritu que logró su padre, tomando sólo una parte de su carácter y costumbre.

En cuanto a Salomón, en el fondo tenía un monoteísmo estable aunque no profundo (recuerda que siendo viejo sus mujeres lo condujeron a la idolatría (1 Re. 11:4); lo cual quiere decir que el canoso rey no sujetó sus pasiones conforme al honor que había adquirido. Si se hubiera dedicado a adorar más, combinado con inteligencia (1 Co. 14:14,15), que a la arquitectura del templo, que a  estudiar los hongos, los pájaros y las hormigas, y es que supongo, hubiera hecho mejores Proverbios, reducido la sensualidad de Cantares y tendría el  Eclesiastés menos tristeza y frustración. La revelación bíblica es progresiva. La razón perfecta es la espiritual, el intelectual perfecto es el espiritual. Es un error que los padres cometen con sus hijos cuando hacen que prefieran totalmente el arte de la literatura secular al contenido de la literatura cristiana, Homero y Victor Hugo a Agustín y Juan Bunyan.

¿Por qué no las dos cosas, la universidad y la iglesia? San Pablo, especialmente Romanos, es bueno para aprender lógica, y sus escritos muestran una mente enciclopédica. Ambas pueden ser espiritualmente inseparables. La inspiración bíblica tiene  mucho que darle al mundo, si quien la predica o la escribe es guidado por el Espíritu Santo. Por supuesto que la Biblia no es un libro de entretenimiento sino de instrucción y los libros que salen inspirados por ella, caminan por los siglos y sin cansancio, con paso majestuoso y triunfal. El contenido de la palabra de Dios, donde se halle, es inmortal. Tal vez desconocido o abandonado, pero inmortal.

Debe nuestra prole aprender de nosotros el perfecto balance entre fe y razón, ciencia y religión, a pensar alto y sentir hondo. Que tengan la mente de Cristo, que haya en ellos el sentir que hubo también en Cristo Jesús; y que amen tanto las matemáticas como la teología; y concluyo sin ofender a un autor bíblico, y como si le hablara, "Salomón debiste haber tomado más en tus manos el diario y las oraciones de David".