martes, 27 de noviembre de 2012

Cercena de tu alegría o tristeza la palabra número


1 Crónicas 21:1-8
Pero Satanás se levantó contra Israel, e incitó a David a que hiciese censo de Israel.Y dijo David a Joab y a los príncipes del pueblo: Id, haced censo de Israel desde Beerseba hasta Dan, e informadme sobre el número de ellos para que yo lo sepa.Y dijo Joab: Añada Jehová a su pueblo cien veces más, rey señor mío; ¿no son todos éstos siervos de mi señor?¿Para qué procura mi señor esto, que será para pecado a Israel?Mas la orden del rey pudo más que Joab. Salió, por tanto, Joab, y recorrió todo Israel, y volvió a Jerusalén y dio la cuenta del número del pueblo a David.Y había en todo Israel un millón cien mil que sacaban espada, y de Judá cuatrocientos setenta mil hombres que sacaban espada.Entre éstos no fueron contados los levitas, ni los hijos de Benjamín, porque la orden del rey era abominable a Joab.Asimismo esto desagradó a Dios, e hirió a Israel.Entonces dijo David a Dios: He pecado gravemente al hacer esto; te ruego que quites la iniquidad de tu siervo, porque he hecho muy locamente.

No hacía falta contar a Israel en esta ocasión, aunque los censos estaban autorizados (23:3), la buena cifra traería mucho orgullo a David; era mejor que no participara del conocimiento del éxito que tenía. Aún Joab, un hombre sin el Espíritu se dio cuenta que esto sería para pecado (v. 3). “Número” (v.3), esa palabra tiene mucha importancia hoy en el mundo eclesiástico y todo se mide por ella, la más importante en la sicología del líder moderno. Dios no le dijo al apóstol Pablo que escribiría la mayor parte del NT y que sus convertidos crecerían mientras el mundo durara. Y eso que él se esforzaba en aumentar el número de sus convertidos y que se hiciera mayor y mayor (1 Co. 9: 19), pero no para colgar cifras al cuello de su reputación y ser tenido como un pastor y apóstol de éxito. 

Es cierto que los evangelistas contaban cuatro mil y cinco  mil pero para aumentar la fama de Jesús, y ¿es con ese propósito que nosotros contamos los miembros de nuestra iglesia, bautismos, y hacemos comparaciones desventajosas para otros para que Jesús reciba la fama? El deseo y el gozo de que el número crezca tiene que ser teológicamente puro, esto es, para que haya muchos salvados y multitud de pecados personados, para que haya menos rebeldes que blasfemen contra Dios, para que sea más grande su reino.

Se puede decir de muchos que han muerto creyéndose casi sin hijos espirituales se asombrarían si supieran los muchos que sus escritos y  biografías han engendrado. No necesariamente donde haya gracia tiene que aumentar el número. Debiera, pero a veces uno no sabe por qué no pasa. Tal vez porque falta más oración, más dones, más trabajo, más ganas que la iglesia crezca.

Cuando Bernabé llegó a Antioquia vio “la gracia de Dios y se regocijó” (Hch. 11:21-23). Se menciona la palabra número pero no la cifra, o sea, muchos; y lo que dio alegría a Bernabé fue la conversión de los gentiles, su cambio. Tenemos que cercenar de nuestra alegría o tristeza (y no andar acomplejado, deprimido y derrotado), la palabra número y ponerla en otros aspectos de la gracia; por lo menos que el número no sea lo principal. Los números hinchan al predicador, lo vuelven arrogante, y si lo que busca en eso es para ponerlo junto a su nombre y hacerse famoso y envidiado, seguro que por todos los medios tratará de aumentarlos, a como dé lugar, con genuinas o falsas conversiones a Cristo. Esas motivaciones y pasajeros delirios de grandeza, desagradan a Joab, y eso que no es nada espiritual, y a Dios. Y Satanás que incitó el censo porque conocía el efecto de la palabra número en la sicología del líder, fue quien obtuvo éxito.