martes, 29 de septiembre de 2015

Es que en Marte No Hay Marcianos

AGUA EN EL PLANETA MARTE
Tengo enfrente de mí la foto que la NASA ha tomado de un paisaje marciano. La explicación que le dan a la fotografía es, ¡y lo dijeron con mucho entusiasmo!, que se trataba de manantiales de agua; y con esa noticia quedaba descartada la teoría de que Marte era un planeta seco. La fascinación científica tiene su ideología en relación con nuestro bello planeta Tierra, por quien temen los ecologistas un cambio climático catastrófico que alteraría completamente el funcionamiento de la civilización. Ante ese supuesto horror los ambientalistas continuamente dicen que la capa de ozono se está dañando como resultado de la exuberante industrialización, y según ellos sin conciencia, de los capitalistas industriales. Si la alegría de Marte tiene conexión con esto último, han llamado a la ciencia para una promoción política. Pero ese no es el punto esencial que quiero destacar porque me alegro mucho de que Dios haya dado tal capacidad a los hombres para investigar su universo, y como hasta ahora se ha sospechado sin pruebas que lo desmientan, que donde único se reunieron con precisión y maravillosamente todas las condiciones para el origen de la vida, es nuestro querido globo terráqueo. Y eso ha sido así porque nuestro mundo tiene un Creador que por su voluntad lo hizo con precisión científica y un arte inigualable, porque no hay belleza más perfecta que la naturaleza. Bien ciego es, o más bien ciegos son los ojos que estudian el universo y no ven a Dios. Carlos Roberto Darwin murió leyendo la Biblia, y dijo que lo que trataba con sus estudios era descubrir las formas en que Dios hizo el universo.

Cualesquiera que sean los millones de años que tengan esos charcos de Marte, charcos serán, riachuelos serán, manantiales serán, y nada más, porque no hay apoyo científico más mínimo para afirmar que aunque el agua en nuestro caso forma parte indispensable de la vida, eso no quiere decir ni sugiere, a no ser que lo impulse el capricho ideológico, que el agua marciana, solita y sin nadie más, va a crear una célula viviente, inteligentemente como para que por sí misma se convierta en una planta, y una planta con tanto desarrollo mental que deje de ser hierba, árbol, y se convierta en hombres, mujeres, animales, insectos, y en cada esquina marciana inteligentemente adaptada, como pasa aquí con nuestros continentes, para que sobreviva y se desarrolle. Hay que ser ciegamente ateo, por decisión personal, para imaginar una evolución espontánea de tamaña magnitud, y ascendente, cuando lo que se observa aquí en nuestro ingrato planeta es lo contrario, una involución, y carreritas estamos dando y consejos por todos lados para que cuidemos el planeta porque lo estamos dañando, al punto, que con nuestros magníficos cerebros hemos inventado armas atómicas suficientes para cumplir lo que dice el apóstol, que los elementos ardiendo serán deshechos y fundidos (2 Pedro 3:10-12). Si Dios hubiera querido hacer marcianos y después enojado con ellos los exterminó, por supuesto hace miles de millones de años, nadie puede asegurarlo, y ese planeta, ahora mojado, inhóspito, es un llamamiento científico y bien educado para portarnos bien con el Creador y los unos con los otros, y hacer acuerdos internacionales para que los que no tienen armas nucleares no las fabriquen, porque hay individuos endemoniados que odian tanto a los otros que quisieran borrarlos del mapa. Cuando yo era niño había una canción que escuchábamos en la radio que decía así, “los marcianos llegaron ya y llegaron bailando el rica-cha”. Y como ya somos adultos y dejamos las cosas de niños (1 Corintios 13:11), no esperamos que bajen de allí esos cantantes y bailarines verdes, es que en Marte no hay marcianos, ni música, ni orquesta, ni nada, sino un poco de agua.