jueves, 24 de septiembre de 2015

Las mujeres no son ceros a la izquierda

Mateo 15:38
“Sin contar las mujeres y los niños”. 
Este comentario es un tributo de agradecimiento a las mujeres cristianas. Eso que dice ese versículo es un residuo judío para hacer notar el gran  número, que prácticamente no se ve en las iglesias cristianas. Las mujeres y los niños sí  se cuentan, y cuentan mucho en las iglesias apostólicas. También hoy hay congregaciones que si no se cuentan las mujeres y los niños la membresía es poca, y si no se les da participación se quedan muchísimos ministerios sin funcionar porque los hombres no son muchos o no contribuyen. Y en cuanto a chicos, son lúgubres las iglesias que no tienen niños. Si hubieran contado las mujeres el número se habría multiplicado por dos o por tres; y si se cuentan a los muchachos, los que ayudan con los enseres de los apóstoles, que llevan el pan y el pescado, los Eutico que se duermen cuando al pastor diserta largamente, las Rode que abren la puerta y los que sirven para enterrar a los muertos (Hch.5:4-10; 12:13; 20:7-9);  que mienten contra el Espíritu Santo; ah, y los que son fuertes y han vencido al Maligno (1Jn,2:13), la cantidad presente sería enorme.
A los apóstoles que les estorben los muchachos que me los den a mí que yo los toco y les doy ósculos santos. A veces mi pequeña nieta Zoe de diez meses (ya tiene seis años), me interrumpe el estudio caminando por el templo como si estuviera en su casa,  y yo la amenazo con el puño, mientras ella me mira a los ojos y ve que es mentira.
Las mujeres y los niños suelen ser a veces los medios usados por Dios para atraer a Cristo a los hombres de la familia. Esos prejuicios que las mujeres y los niños no cuentan tienen que ser quitados en las iglesias que siguen a Pablo que las usaba como diaconisas, remuneradas si eran viudas, y ayudadoras en casas de enfermos, en cárceles y visitación. Eran perfectos ángeles femeninos.

El mismo apóstol que dijo que se callaran en la congregación tenía a Evodia y a Síntique como colaboradoras; a Priscila que expuso su cuello por él sin reparar en el suyo. Pablo hablaba con admiración de la fe de Loida y Eunice. Y ni qué decir de lo agradecido que estaba con muchas como Trifena, Trifosa, Julia, la amada Pérsida y Olimpas. El evangelio entró a Europa, además del carcelero, por una mujer llamada Lidia que tenía su negocio antes de bautizarse y después de hacerlo.  Las mujeres y los niños cuentan en la iglesia y no son ceros a la izquierda, del punto.