martes, 15 de septiembre de 2015

Cuando Satanás no movería ni un dedo

Mateo 5:21-26
"Oísteis que fue dicho los antiguos: no matarás; pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio". 

Estas palabras están fuertemente dirigidas a un contexto determinado (por su lenguaje) pero demuestran que el evangelio es superior a la Ley de Moisés y la excede (v.20); que Cristo es superior a Moisés. Moisés prohibió el homicidio pero Cristo instaba para crear una fraternidad universal, no sólo para evitar los asesinatos sino para reconciliar a los hombres entre sí. Dio por sentado que todos somos hermanos y que no se debe practicar la religión a menos que nos tratemos como hermanos sin ofendernos. Su visión no era crear una nueva religión sino una nueva humanidad. Oh Dios que mis prácticas religiosas no excusen mi falta de amor por el prójimo; que yo no sea más religioso que humano. Amén. 
Los judíos tenían tres penas capitales: decapitaban, el Sanedrín podía condenarlos a morir a pedradas o en casos extraordinarios echados en el Valle de los hijos de Hinnóm, o gehenna (Mathew Henry); que simboliza el infierno y no debiera traducirse tal en este contexto, ni en vv.29,30 sino “gehenna” un lugar que; es posiblemente la única vez que debiera traducirse literalmente sin la explicación rabínica de morada de los muertos o de vida de ultratumba, o “… es muy probable que nuestro Señor no quiera decir sino esto: si un hombre acusa a otro de apostasía de la religión judía, o de rebelión contra Dios, y no puede probarlo, entonces será acusado y condenado a la pena capital de ser quemado vivo en lugar de su acusado. Se presentan tres clases de ofensas y cada una excede en grado de culpabilidad y castigo a la otra” (Clarke).


Otro asunto: Debieras bendecir a Dios porque active tu memoria cuando te hallas próximo a pecar y especialmente cuando vayas a adorarle con hipocresías. Debemos bendecir al Espíritu si dirige nuestra adoración para que con ella no ofendamos al Señor ofreciéndole abominación. En el tiempo de la reconciliación, cualquier pecado que nos recuerde la conciencia, debemos interrumpir la adoración para hacer las paces con Dios o con el prójimo. Satanás no es el que interrumpe la adoración de ese modo, sino la conciencia cristiana, porque él no movería ni un dedo para que nos arreglásemos con nuestro hermano ofendido.