sábado, 19 de septiembre de 2015

Pobres pero Dignos. Distribución de Alimentos

Ayer sábado tuvo lugar la distribución mensual de alimentos para familias necesitadas, y en casi su totalidad fueron hispanos. Walky igual que ha hecho todos estos años fue para ayudar. Verdaderamente sentí pena por aquellas familias que están tan necesitadas hasta el punto de venir a recoger bolsas de alimentos que la iglesia les proporciona. 
No son los que conocemos como homeless o desamparados. Nada de eso, son familias de inmigrantes hispanos pobres. Eso significa, pensé, cuán escasos de dinero tienen que estar que vienen a buscar alimentos para sus cocinas. Tantas mujeres con niños, pequeños de brazos y de dos o tres años de edad que corrían junto a ellas de un sitio a otro encantados. En esos casos algún ayudante de la iglesia salía cargándoles las bolsas hasta sus carros. Uno de ellos generalmente se detenía mientras le buscaba lugar dentro del auto a las bolsas y a los niños, y les conversaba del práctico amor de Jesús para la familia. No sólo vinieron mujeres con poco tiempo de paridas sino también hombres cargando algún chiquillo en un brazo y arrastrando al otro que podía caminar, para regresar luego, ayudado, con algunas bolsas. Hombres que no ganan lo suficiente para mantener su hogar y vienen a buscar comida que les ayude con el presupuesto familiar. Además algunas señoras viejas también acompañaron a las jóvenes. Noté que si bien la presencia en este evento significaba estrechez económica eso no quitaba para que anunciaran con su vestuario la falta de dinero, o descuido. Todas venían bien vestidas como si fueran para un culto dominical, y era sábado. Imaginé que estaban endomingadas como para mostrar dignidad, para decirse a ellas mismas, o mejor dicho decirles a su orgullo natural, que eran pobres y necesitadas pero no mendigas. Muchos de los vehículos eran de los que llaman pick up o camionetas, o “Van” donde cabía la conductora, los alimentos, los chiquillos y muchas cosas más. Otras, u otros, conducían autos casi nuevos y asumí que si ya no los habían pagado totalmente, estarían desembolsando una gran cantidad de dinero en los pagos mensuales y en el seguro de accidentes. Los familiares en El Salvador mirarían fascinados las fotos que ellos retratados junto a sus transportes les enviarían, como si les dijeran sonrientes ¡somos ricos! Y quizás no sean ricos ni ahora ni después, pero con la capacidad de ahorros que han desarrollado estos hispanos, no dudo que guardarán dinero para vivir aquí y allá, desde donde salieron un día para llegar a América.